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Riqui Puig Jordi Alba BarcelonaGetty Images

La rebelión de Riqui

Pocos canteranos han generado tantas expectativas en el Barcelona como Riqui Puig. El centrocampista está entre ese grupo de elegidos, del que también formaron parte Leo Messi, Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Thiago Alcántara, Carles Puyol o Bojan Krkic, el máximo goleador histórico de las categorías inferiores del club azulgrana. Durante años ha sido la gran esperanza del barcelonismo, un futbolista de una calidad técnica exquisita y con un futuro infinito por delante valorado y conocido entre la masa social culé desde que fuera un juvenil. Con la conducción de Iniesta y la precisión de Xavi en el pase, nadie dudaba de que Riqui estaría en el elenco de grandes jugadores salidos de la Masia.

Este domingo, con 22 años y dos temporadas fijo en el primer equipo -además de las constantes convocatorias teniendo ficha del filial-, el de Matadepera terminó con varios meses de ostracismo. Le marcó un golazo a Osasuna y pudo sonreír tras muchas jornadas viendo los partidos de su equipo desde el banquillo. Ni con Xavi, Riqui ha tenido hueco entre los titulares. No entró en los planes de Ernesto Valverde, no convenció a Quique Setién, no dio el paso adelante con Ronald Koeman y tampoco está participando el tiempo que se esperaba con la llegada del nuevo entrenador, con el que se confiaba que Puig iba a ganar protagonismo.

Pero Riqui Puig sigue con su viacrucis. Se va haciendo mayor y parece que cada vez juega menos. Desde que fuera titular en Mallorca en el primer partido del año, con media plantilla afectada por el Covid-19, y también en Linares en la primera eliminatoria de la Copa del Rey, el centrocampista no ha vuelto a ser titular. De hecho, en el Nuevo Linarejos, Xavi le sustituyó en el descanso tras una primera parte deficiente. Y desde ese momento, el ‘6’ desapareció. Hasta que este domingo pudo disputar veinte minutos -eso sí, con el partido sentenciado- y demostró que todavía le queda fútbol para regalar. En la única ocasión que tuvo, buscó portería desde fuera del área en un disparo raso que despejó Herrera. Pero en el rebote ahí estaba el mismo Riqui para recoger el balón y regatear al portero de Osasuna con un quiebro de mucha calidad.

La grada no dudó en corear su nombre. “Riqui Riqui”, gritaba el Espai d’Animació mientras el mismo Puig agradecía el gesto, a la vez que enviaba un corazón a su familia, presente en la tercera grada del estadio, como en cada partido. Ayer, padres y tíos se fundieron en un abrazo emocional. Riqui había conseguido marcar un gol en el Camp Nou tras 14 meses sin poder hacerlo. Faltará por ver si la alegría tiene continuidad.

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