La maldición de los hermanos Alcántara en Barcelona

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QUIQUE GARCIA
Ni Thiago ni Rafinha, por distintos motivos, han conseguido consolidarse en el primer equipo azulgrana.


EDITORIAL

Thiago y Rafinha Alcántara llegaron al Barcelona el verano de 2005. Hijos de un campeón del mundo como Mazinho, estaban hechos de una pasta especial. De niños se los disputaron todos los grandes clubes de la Liga pero recalaron en una Masía en la que no dejaron de crecer hasta debutar con el primer equipo para debutar en 2009 en el caso de Thiago y en 2011 en el caso de Rafinha. Sin embargo, y a pesar de haber compartido el vestuario del primer equipo en un puñado de ocasiones, nunca llegaron a coincidir como miembros del mismo a todos los efectos a pesar de estar llamados a ello.

LOS QUE FUERON DE BARCELONA A INTER O VICEVERSA

Sus porvenires en azulgrana serían muy distintos pero desembocarían en el mismo resultado: su salida del club barcelonista. Thiago, de hecho, siempre fue uno de los jugadores favoritos de Pep Guardiola, quien le subió al filial en edad de juvenil para, un año más tarde, hacerle debutar en el primer equipo y consolidarse en 2012, aunque apenas viviría un solo año como compañero de Leo Messi. Pero un año antes el Barcelona había incorporado a Cesc Fàbregas, quien coartó el crecimiento de Thiago. "Quiero triunfar en el fútbol" aseguró al ser preguntado sobre su futuro en el Barcelona. Y no mentía porque apenas un año después sería jugador del Bayern.

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Así lo decidió tras constatar que el Barcelona apostaba por Cesc y se marchó después de que el club alemán abonara 25 millones de euros, una ganga para uno de los centrocampistas más prometedores de Europa. La operación, de hecho, todavía retumba en forma de lamento en los pasillos del Camp Nou, una venta en la que los aficionados coinciden en señalar como "el peor error deportivo de los últimos años", especialmente porque al cabo de un año de vender a Thiago el Barcelona traspasó a Cesc, rizando el rizo del sinsentido. 

En cuanto a su hermano Rafinha también hace tiempo que tomó la decisión de marcharse, en concreto desde antes de la remontada al PSG. Tras ejercer como un jugador importante en el Celta de Luis Enrique, regresó al Camp Nou junto al asturiano, que le dio bola para sufrir su primera lesión en 2015. Estuvo ocho meses fuera del terreno de juego y cuando regresó no tuvo demasiada presencia así que resolvió esuchar ofertas. Fue entonces cuando volvió a romperse y a pesar de que el pronóstico inicial hablara de cuatro meses de recuperación, ha acabado cumpliendo nueve meses alejado de los terrenos de juego sin modificar su intención de cambiar de aires.

Con todo hecho con el Inter, a los 24 años disfrutará de una cesión hasta final de la presente temporada para intentar recuperar su mejor versión y, quien sabe, aspirar a jugar un Mundial con Brasil que su hermano Thiago todavía no tiene claro de jugar con España por culpa de una nueva lesión. Si lo logran, no será por los méritos que hayan hecho en el Barcelona.

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