Del Vasco a Guillermo: la fiesta que Boca se debía

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@BocaJrsOficial
El Xeneize se consagró con su ídolo en el banco y el eterno rival bien abajo en la tabla. Tras los opacados títulos del 2015, esta vez fue una fiesta.

"Boca ya salió campeón, Boca ya salió campeón, se lo dedicamos a todos, la re p… madre que los re parió". El cantito, habitual del público xeneize cuando levanta un nuevo título, tuvo otra connotación en esta ocasión. Porque aunque desde los números parezca que el dominio del equipo de Guillermo Barros Schelotto fue total, el desarrollo del campeonato marcó otra realidad y las críticas no fueron piadosas. Pero, como dice el refrán, el que ríe último ríe mejor.
 
Las últimas dos estrellas de la institución fueron hace poquito más de un año y medio, con Rodolfo Arruabarrena en el banco. Primero, se consagró en el torneo local y, dos días más tarde, levantó la Copa Argentina. Aquellos fueron dos logros tan necesarios como subvalorados. Las eliminaciones a manos de River en las dos competencias internacionales todavía estaban frescas y la bronca no se disipaba a pesar del cimbronazo que generó la vuelta de Carlos Tevez.
 
Pero lo que debía ser un 2016 que potenciara lo realizado anteriormente, terminó convirtiéndose en una pesadilla. La llegada del Mellizo fue la ilusión en la que se apoyó el hincha en un año en el que San Lorenzo lo goleó en la final de la Supercopa, quedó eliminado en semifinales en la Libertadores ante el ignoto Independiente del Valle y de la Copa Argentina ante Rosario Central, lo que, como consencuencia -en conjunto con el flojo primer semestre-, lo dejó afuera del certamen internacional de este año.
 
La seguidilla de triunfos en los clásicos a fines de 2016 fueron un oasis al que no pudo regresar en el 2017. En cambio, sembró dudas y permitió que el Millonario se acercara tanto como para que se ilusionara con disputarle la punta aunque sea por algunas fechas. Todas esas espinas fueron las que acumuló el plantel a lo largo de este ciclo. Todas esas fueron las que se sacó este domingo.
 
Gente en el hotel desde temprano, caravana hacia el estadio acompañando a los jugadores, La Boca pintada de azul y oro en cada una de sus calles, una celebración previa con mucho color y una vuelta olímpica incluida, una puesta en escena de fantasía con un drone incluido en la salida de los futbolistas al campo de juego y un hollywoodesco festejo tras el triunfo ante Unión. La fiesta fue completa y el disfrute de los fanáticos fue directamente proporcional al de los protagonistas. Con el ídolo en el banco y un equipo que convence a pesar de algunos momentos de zozobra, Boca se permitirá festejar sin ningún pero.

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