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Irán

Irán nunca sale del offside

Solmaz estaba obsesionada. Quería ir a la cancha. Su papá, Jafar, le contestó lo evidente: "Las mujeres -niñas- no pueden ir a ver un partido de fútbol". Ella no tenía más de 12 años. Empezó una negociación. Él aceptó llevarla hasta las puertas del estadio y, si le decían que no podía ingresar, debía volver sola a su casa. Al acercarse a los controles de seguridad, le prohibieron el paso. Ella bajó la cabeza y, dolida, pareció aceptar la derrota y enfiló para su casa. Él tragó amargura y entró sin terminar de entenderlo. 

¿Por qué? 

Unos minutos después, Solmaz apareció en la tribuna y le tomó la mano al papá. 

-No entiendo, ¿cómo hiciste para entrar? -preguntó Jafar.

-Siempre hay una manera- dijo ella.

Esa secuencia gatilló la cabeza de Jafar Panahi, un director iraní de enorme prestigio, ganador del Oso de Oro de Berlín y el León de Oro de Venecia, entre otros premios. Ahí había otra historia de las que le gustan a él: las de las restricciones en Irán, un país que convive con una larga y compleja tradición de prohibiciones.

El boleto del colectivo se llama esperanza. El ritmo del bus, más bien deteriorado, es el furor. Los sonidos son los de la pasión. Todos cantan. Todos bailan. Todos saltan. Todos flamean banderas y se pintan las caras. Todos gritan por Irán. Pero ella no. Ella está sentada y, disimulada, con un gorro que le cubre el pelo largo, pintura verde, roja y blanca en los cachetes y los ojos rebotando sobre los autos que pasan alrededor y los otros colectivos que van hacia el mismo lugar, observa hacia afuera con un único objetivo: no llamar la atención.

Pero las miradas se cruzan. Y es detectada. Es una mujer que quiere ingresar a ver un partido de fútbol al estadio.

Prohibido. 

En Teherán, Irán se juega la clasificación al Mundial Alemania 2006. Llega gente de todos lados para llenar un estadio gigante -el Azadi- de más de 100 mil espectadores. Sima está determinada a romper las reglas. Como ella hay varias más.

Offside, la película de Jafar Panahi de 2006, cuenta la historia de un grupo de mujeres intentando patear la tradición. 

Pasaron 16 años. Irán, clasificado al Mundial Qatar 2022, parece un país en loop que retrocede y avanza casi a la par. Porque las mujeres siguen estando en offside. Porque Panahi está en offside.

Panahi, de 62 años, está preso con una pena de seis años por un fallo del 2010 que lo acusó de "propaganda contra el régimen" por apoyar las protestas del 2009 contra la reelección del ultraconservador Mahmud Ahmadinejad como presidente de la República Islámica.

Detenido durante dos meses en el 2010, donde ideó la brillante "Esto no es una película", otra de sus joyas, Panahi estaba bajo libertad condicional que fue revocada justo cuando se expresaba más y más en el caso de otro director galardonado como Mohammad Rasulof, detenido por causas similares.

Nadie sabe muy bien qué pasará con Panahi. Pero, como casi todos los flechazos a la libertad, su figura no queda olvidada ni disminuye. Las barras de la prisión no encierran las ideas ni apagan las películas. Todo lo contrario. 

La prohibición de que en Irán se proyectara en los cines Offside generó un efecto 'boca en boca' que hasta hoy no paró. De alguna manera, la película se filtró en el mercado ilegal. Panahi nunca admitió quién pudo haber sido ni cómo pasó; juró que no fue él, le echó la culpa a "alguien de la producción". Pero el CD de Offside está en casi todas las casas iraníes. Se cree que es una de las películas más vistas de la historia del país. 

El relato, de cinco chicas que son detenidas mientras, disfrazadas de hombres, pretendían entrar al partido de la Selección de Irán, acompaña un movimiento real y verdadero de lucha que sufrió todo tipo de golpes. 

En el partido real en el que transcurre y se filma parte de la película, ante Bahrein, 500 mujeres se agolparon frente a un portón para entrar. La primera reacción oficial fue la represión. Luego, tras una enorme presión internacional y la mirada del mundo ante esa secuencia, las dejaron pasar en el entretiempo para ocupar una zona especial y vidriada que las alejaba de los insultos de los hombres y un lenguaje que se suponía no debían escuchar.

Aunque con el tiempo las leyes se flexibilizaron, las mujeres siguen fuera de juego. En las eliminatorias rumbo a Qatar, unas dos mil no pudieron ingresar al encuentro ante Líbano.

La Federación de Fútbol de Irán "lamentó" el hecho, pero afirmó que no se habían puesto a la venta entradas para mujeres porque el partido sería a capacidad llena y no había tiempo para realizar los preparativos necesarios de cederles un lugar alejado de los hombres.

Según el organismo, solo nueve mujeres compraron entradas, pero en la zona de hombres.

En las afueras del estadio hubo heridas, gases lacrimógenos y represión.

En el fútbol, 'offside' es cuando un jugador recibe la pelota más adelantado que la línea del último defensor del equipo rival. De alguna manera, la ley del juego no le permite adelantarse, avanzar. Y, si lo hace, habrá cometido una infracción. 

Solo la película pudo triturar lo escrito, cuando un grupo de chicas se abrazó, festejó y lloró por su Selección. Cuando un gol hizo que ellas salieran a la calle, que gritaran, que se desinhibieran. Fueron unas horas sin preocupaciones. 

Pero, en la vida real, Irán, las mujeres y el propio Panahi viven en un permanente estado de offside en el que ir para adelante no parece ser una opción verdadera.

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