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Impotencia. Esperanza.


OPINIÓN


Impotencia. Así resumo el partido de Atlético Nacional ante Pasto, de anoche en el Atanasio Girardot, y todo lo que generó después tras la derrota.

Impotencia de ver cómo la preparación física, la mala suerte, el azar o lo que sea, juegan en contra del equipo y no le permiten asumir los partidos con jugadores en plenitud de condiciones y un onceno ideal. Impotencia de ver cómo esas bajas hacen mella en la nómina titular. Impotencia de ver cómo un director técnico experimentado comete errores con esa nómina inicial.

Impotencia de ver un final triste para un referente de la categoría de Aldo Leao Ramírez. Impotencia de ver un equipo carente de actitud para asumir la adversidad. Impotencia de ver cómo los escasos argumentos del ataque se hicieron repetitivos y obsoletos. Impotencia de ver cómo los rivales descifran a Nacional con facilidad y lo complican con muy poco. Impotencia al extrañar los chispazos de Lucumí y Candelo, al Vladimir desequilibrante y al Ceppelini del último clásico. Impotencia de saber que la defensa está a la mitad y no ofrece garantías.

Impotencia de seguir perdiendo puntos importantes. Impotencia al saber que estamos acostumbrados a que las derrotas sean la excepción y hoy las victorias sean las excepciones. Impotencia con la irregularidad y no lograr al menos dos victorias seguidas, algunas veces con los méritos para que así fuera.

Impotencia al saber que desde hace más de seis meses esta situación se veía venir por la realidad económica del club y el contexto más que conocido. Impotencia al saber que pese a los esfuerzos hechos y tener una nómina competitiva para el medio local, los resultados están costando demasiado. Impotencia al saber que la situación puede alargarse varios meses más, incluso años, y que los hinchas no estamos preparados para entenderlo, asumirlo y afrontarlo.

Pero entre toda esta impotencia, sigue existiendo un espacio para la esperanza. Esperanza en todo Nacional, en toda su gente, en toda su hinchada, en toda su esencia. Esperanza en ese mismo director técnico que tiene toda la capacidad para liderar no solo el proyecto, sino también llevarlo a flote, respaldado al 500%, no por una directiva, sino por una convicción. Porque de aquí parte todo: así como Nacional es el núcleo de este mal momento, también lo será de uno mejor. Todo tiene su origen aquí. Y por eso tengo esperanza.

Y en este Nacional, la esperanza es lo único que no se puede perder.

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