No es plato de buen gusto ser capitán del Oporto y no ejercer como titular en el Atleti. Tampoco lo es ser actor protagonista en México y ser un actor secundario en el fútbol español. No es fácil. Y nunca lo ha sido para Héctor Herrera, una estrella con alma de gregario. A punto de sobrepasar la treintena, en plena madurez, el mexicano ha aceptado un desafío gigantesco: triunfar en el Atleti. Salió de Do Dragao, donde era capitán, referencia del vestuario y absoluto ídolo de la hinchada, para integrarse en un Atleti obligado a reinventarse. Llegó a coste cero, sabiendo que aumentaba varios palmos su nivel de exigencia y aterrizó en Madrid teniendo claro que formar parte del once del Atlético está muy caro por un doble motivo: primero, porque es un equipo cuyo credo consiste en no negociar el esfuerzo; y segundo, porque su técnico no se casa con nadie y presume de potenciar la competencia interna.
Para los nuevos, los comienzos con Simeone no son un crucero de placer. O te adaptas, o no juegas. O rindes, o eres carne de banquillo. O matas por el equipo o el equipo te mata. El Atleti no espera a nadie. Simeone, menos. El tipo no engaña a nadie y lo repite hasta la saciedad: “Al jugador le digo siempre lo mismo: no importa la cantidad de minutos que uno tiene, sino la calidad de los minutos que uno entrega al equipo”. Exigencia pura y dura. Así debe ser en un equipo que ha crecido tanto que está empeñado en reescribir su propia historia. Hace unos años, Héctor habría sido titular indiscutible. Ahora es uno más en el grupo. Compite por un puesto con Saúl, Koke y Thomas, futbolistas de primer nivel. Y juegue quien juegue, Simeone se va a equivocar, porque terminará dejando a un gran jugador fuera. Pero para eso le pagan al Cholo, para tomar decisiones. Él lo tiene claro: decidirá la verdad del campo y el carácter de cada uno.
Héctor Herrera, que había visto todos los partidos oficiales de la temporada desde el banquillo, que lejos de haber hecho alguna declaración egoísta se dedicó a entrenar y callar, se estrenó con el Atleti interiorizando que, a la quinta, había ido la vencida. ¿Mereció haber jugado antes? A quién le importa. Lo que sucede, conviene. Ya saben: “Ama, perdona y olvida. Para todo lo demás, un buen tequila”. Así que HH se enfundó la rojiblanca y se empeñó en hacer realidad lo que había soñado fuerte: poner patas arriba el estadio. Y le ofreció a Simeone lo que pide: minutos de calidad. Salió por Thomas, se ubicó en el medio de la cancha, mostró personalidad y en el último aliento, fue el héroe inesperado de la noche con un cabezazo glorioso. Su tanto, un grito al viento mexicano bajo el cielo estrellado de Madrid. Fue su primera gran noche en el coliseo atlético. No será la última para el zorro de Tijuana. El trabajo siempre paga. En el Atleti, el doble. Y si no, que se lo digan a todos esos hinchas colchoneros que anoche, después de un partido épico, decidieron tomarse el último trago de la noche a la salud de HH.
Rubén Uría
