GoalSi en un universo paralelo se me concediera la posibilidad de llevar las riendas de un equipo de fútbol, no tengo ninguna duda de que los dos primeros elementos con los que querría contar serían un guardameta y un goleador de garantías. Con el alfa y el omega asegurados, conformar el resto del grupo resultaría menos dramático, sin ser tarea menor.
De un tiempo a esta parte se escucha en Bilbao que Lezama produce en serie porteros de primer nivel y que, sin embargo, no hay manera de hacerse con un goleador. ¡Cómo cambian los tiempos! Hasta hace bien poco, la alargadísima sombra de Iribar provocó durante muchos lustros una permanente insatisfacción en la afición de San Mamés, sin importar quién fuera el inquilino de los tres palos. En cambio, desde la llegada de Ziganda en los albores de los 90 hasta la retirada de Aduriz –han transcurrido tres décadas–,la escasez realizadora del Athletic no pasó de ser anecdótica.
Con la obligada retirada de Aduriz, el aficionado rojiblanco comenzó a atisbar la magnitud del problema que se presentaba con el acierto a puerta. A Iñaki Williams se le asignó una responsabilidad para la que no estaba hecho. Un buen novelista no tiene por qué saber escribir poesía por más que a base de esfuerzo le salgan unos versos emocionantes de vez en cuando.
Se probó con algunas alternativas en periodos breves de partido o cuando el equipo no se jugaba ya nada y salvo alguna estrofa suelta, el folio quedaba constantemente en blanco. Con mayor o menor tino y paciencia, los últimos entrenadores del Athletic han llevado tatuado en la piel que sin el mayor de los Williams, el centro del ataque de los leones estaba condenado a ser un erial.
Valverde contó con Asier Villalibre durante la pretemporada y goleó, pero tras la primera jornada liguera mandó al de Gernika con la música a otra parte. Gorka Guruzeta se mostró eficacísimo en Cádiz y su premio no fue otro que el de encontrar acomodo al final del banquillo.
Dirán los exégetas del actual míster que la inteligente gestión de plantilla del técnico ha permitido que, tras su barbecho otoñal, Guruzeta se haya mostrado con un hambre de gol que comenzó a calmar contra el Girona y que sació ante el Valladolid. Sus detractores pondrán el acento en que es el jugador donostiarra quien con su ratio de goles por minuto no ha dejado otra opción a su entrenador que alinearlo como lo que es, el mejor realizador del Athletic.
Sea como fuere, la exuberancia goleadora de Guruzeta es la mejor noticia para el club en muchísimo tiempo. Irrumpe cuando ya ni siquiera se discutía a Iñaki Williams como el ariete titular del cuadro del Txingurri. En un momento en el que la afición y la crítica habían bajado los brazos a ese respecto, entendiendo que no había para más.
Nadie sabe con qué asiduidad será capaz Guruzeta de perforar las metas contrarias. Si se encuentra inmerso solo en una racha o podrá continuar poniendo sobre la mesa unos números que sean los que, por fin, metan al Athletic en las conversaciones sobre los favoritos y no los aspirantes para sacarse el ticket europeo.
Lo que sí está más que claro es que el delantero donostiarra golpea con las dos piernas, sabe en todo momento dónde está la portería, es capaz de atacar el marco contrario al primer toque, no le surgen dudas cuando le llega el esférico y, que a diferencia de Iñaki Williams, ama su oficio de killer, porque él sí lo es.
Si sus guarismos alcanzarán a los de Aduriz o se quedarán a medio camino, se irá comprobando con el transcurrir de los partidos. De momento, a Valverde parece habérsele resuelto su principal problema a medio plazo y sin tener que prescindir de los talentosos extremos Williams. Gurugol ha asomado casi de la nada y ya no habrá quien lo arrumbe. Poca broma.
Lartaun de Azumendi


