Por Jorge C. Picón - Podría aprovechar este espacio para dar un punto de vista más futbolístico del empate entre España y Portugal. Como Luis Enrique acertó en el planteamiento abriendo a sus extremos para crear espacio a los volantes. Como Gavi aprovechó para ocupar dichos espacios y como los centrales y laterales lo encontraron infinidad de veces entre líneas. Como esta selección sigue fallando en las áreas, especialmente en la rival donde no es capaz de tener efectividad para todo lo que genera. Pero hacerlo sería obviar un tema mucho más importante que este 'torneucho' que se inventó la UEFA en su afán por seguir generando dinero con más partidos y no con más calidad.
Este tema es los apenas 30.000 hinchas que se dieron cita en el Benito Villamarín para ver a España. Un jueves de una agradable noche de junio, en año de Mundial y con entradas que iban desde los 20€ hasta los 75€. Contra un rival de entidad como Portugal, con viejos conocidos como Cristiano Ronaldo o Pepe y nuevos, como Rafael Leao. Todo esto no fue suficiente para que la gente se acercase al campo del Betis. Ni siquiera se ocupó media entrada, viéndose prácticamente vacía la zona alta de la grada.
En redes sociales, los motivos son diversos, algunos complementarios. Que si Luis Enrique no me cae bien, que si siempre van a Sevilla, que si no había jugadores locales, que si las entradas eran muy caras (?), que si la Liga de las Naciones no interesa... Acepto con todos y cada uno de ellos. Pero para mí, el problema va mucho más allá. Es una cuestión de carisma e ilusión.
Del arroz blanco dicen que llena mucho pero no sabe a nada. Pues España es para el aficionado el arroz blanco del calendario. Muchos partidos, ocupando varias semanas de partidos que la gente no quiere ver. Este equipo no ha sido capaz de conectar con el aficionado español medio en ningún momento y se encuentra en su punto más bajo desde la Eurocopa de 2008. Pocos de los que leen estas líneas cancelarían un plan por ver a España. Y los niños que se sintieron identificados con Iniesta, Silva o Villa ya no lo hacen con Ferran, Pau Torres o Morata.
No es un cuestión futbolística, pues juega realmente bien. Sin duda, pelearán por cosas grandes en Qatar. Pero ni los buenos resultados en la Eurocopa (semifinales) o en la última Nations League (final) han conseguido despertar cierta dependencia. España siempre ha sido un país de clubes y no de selección, pero esa unión conseguida en los últimos 15 años se ha ido al garete sin que nos demos cuenta. Sevilla fue el ejemplo.
El domingo 12 habrá un España-República Checa en La Rosaleda, estadio del Málaga. Allí, la selección no va desde 2017 y la gente ha agotado las entradas en cuestión de horas. Sin embargo, que los árboles no impidan ver el bosque. Este equipo va a necesitar muchos goles y cierto marketing de aquí a noviembre para llegar al corazón de la gente. Esperemos, porque el apoyo en Qatar puede marcar la diferencia.
