“No, pobre Cúper, otra vez no”, pudo ser el comentario de cualquier seguidor de la carrera del técnico de Egipto, tras ver ese cabezazo de José María Giménez, en el minuto 89, decretando el 1 a 0. El “no, pobre Cúper, otra vez no” tiene sus razones fundamentadas desde las estadísticas. El gran karma del argentino es perder partidos sobre la hora o campeonatos en el último tramo. El exitismo, claro está, lo condena cada vez que encuentra el hueco.
Este Héctor Cúper que observa el agónico festejo uruguayo, en el segundo encuentro del Grupo A de Rusia 2018, es el mismo que cayó en seis finales consecutivas a partido único, además de fallar con Huracán y con Inter, de Milán, en la última fecha, cuando un empate, en ambas ocasiones, le alcanzaba para ser campeón. Ese Héctor Cúper es el DT que se recuerda más por perder dos finales consecutivas de Champions League con Valencia (2000 y 2001), y no por las dos Supercopas de España que conquistó (con el modesto Mallorca y con el citado conjunto Che). Es ese Héctor Cúper al que ya salieron a reprocharle por qué dejó en el banco a Mohamed Salah, olvidando rápidamente sus cualidades como estratega, esas que lograron clasificar al país africano a un Mundial después de 18 años.
¿Cuánto más durará su karma? ¿Tendrá revancha en esta Copa del Mundo?
