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ARGENTINA

El socio que Messi no consiguió

Hay diferentes maneras de entender el fútbol. Están los jugadores que tienen demasiado talento: que pueden amagar, pegarle a la pelota, correr en velocidad y dejar rivales en el camino. Y luego están los que pueden hacer eso y un poco más. Los que perciben de una manera superior que el resto. Los que son capaces de sacrificar protagonismo por uno que es mejor pese a que son ellos mismos son muy buenos. Juan Sebastián Verón estaba en ese proceso durante el Mundial Sudáfrica 2010.

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Si se observa el partido ante Grecia, por el cierre del Grupo B en el que la Selección argentina ganó 2 a 0, la conexión entre Verón y Messi regalaba indicios de una dupla que podría generar cosas muy buenas. Al final, por una razón u otra, la Pulga se quedó sin un socio de ese calibre. A los 23 años, quizás lo que más necesitaba era un compañero que no 'compitiera' con él, que se obsesionara por potenciarlo, que captara que mientras el 10 más tuviera la pelota, mejor le iba a ir al equipo. 

Pero Diego Maradona y el cuerpo técnico de ese Mundial no parecieron evaluar de manera tan positiva lo que generaron Verón y Messi en ese encuentro (o las señales que ya habían dado en el primer encuentro del Mundial, ante Nigeria). A partir de octavos de final, contra México, la Bruja solo tendría 51 minutos (21 del complemento + los dos tiempos suplementarios). En cuartos de final, contra Alemania, ni siquiera ingresaría. 

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La idea de una ataque con Tevez, Higuaín y Messi terminó por inclinar la balanza en contra de Verón. Aunque lo había hecho contra Nigeria, Maradona no parecía dispuesto a sumar un creativo a una línea de tres mediocampistas que solo tenía a Mascherano para marcar (contra Alemania, por ejemplo, jugaron Maxi Rodríguez, como forma de balance, y Di María, mucho más suelto).

La conexión, que nunca terminó de cerrarse, como tampoco se formalizaron las de Riquelme-Messi en Alemania 2006, o Gago-Messi en Brasil 2014, tenía varios conceptos más allá de la idea de que Verón siempre buscaba a Messi. Lo primero es que la Bruja hizo todos los esfuerzos posibles para ofrecerse como receptor. Para eso, decidió esforzarse y acelerar en busca de espacios vacíos cada vez que el 10 tenía la pelota. Lo segundo es que Verón, que en ese momento tenía 35 años, entendió los ritmos que en ese momento necesitaba Messi para potenciarse. Muchos pases de primera para no cortar la carrera, varios toques hacia adelante para mantener la agresividad. Y mucha precisión para bancarse el mano a mano.

En el encuentro ante Grecia, nadie le dio a Messi más pases que Verón, con diez. La Pulga, que en ese encuentro dio 69 pases completados, se la dio a la Bruja en nueve oportunidades. No hubo semillas ni floreció casi nada sobre esa relación. En ese partido, pareció claro que la Bruja podría haber sido el compañero que siempre quiso en la Selección argentina (por lo menos en ese Mundial).

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