Si Rusia hubiera organizado este Mundial antes del desarrollo de las telecomunicaciones, venir de paseo o a trabajar hubiera demandado, más que una VISA, un curso intensivo de ruso. El alfabeto cirílico es tan inaccesible como el chino, el árabe o el hebreo para cualquiera que no lo haya estudiado. Y, aunque los anfitriones -la mayoría, no todos- son muy amables, sólo una minoría habla siquiera un poco de inglés. ¿Entonces? La respuesta es "San Google Translate".
Al subirse al taxi, encontrarse en el lugar pactado, acordar el destino y el precio, pagar, recibir el cambio correspondiente. El "куда ты идешь" se transforma en un milagroso "Where are you going?" y llegar al hotel parece posible.
Rusia se convirtió, junto con el Mundial de "San Google Translate", en el Mundial de las señas y las onomatopeyas sonoras. Aquellos que hayan jugado al "dígalo con mímica" tienen ventaja. No hace falta haber tomado vodka para querer elegir la comida en un sitio no turístico y hacer ruido de cerdo o de vaca. No es extraño que una mujer se agache y simule estar nadando estilo pecho para explicar que nació -salió de un vientre- en Rusia.
El hombre ruso porta cotidianamente un gesto adusto. Sin embargo, si logra relajarse con el turista, lo desborda la curiosidad y, fundamentalmente, los obsesiona la mirada ajena. ¿Te gusta mi país? ¿Qué piensas de mi país? ¿Cuánto cuesta esto en tu país? ¿Qué piensan de Messi?
El ejemplo de un chico ruso intentando intercambiar opiniones en la peatonal Bolshaya Pokróvskaya, la más céntrica y emblemática de Nizhny Nóvgorod, tras el triunfo de Rusia sobre Egipto:
Hay excepciones, como los centros de prensa, los aeropuertos y el metro, donde las estaciones son anunciadas en ruso e inglés habitualmente, incluso antes del Mundial. Ni en los hoteles es corriente que todos hablen inglés. Hasta lo más elemental se vuelve un desafío en un país que es potencia mundial por su petróleo, reservas de gas, poderío militar y armamento nuclear, pero prácticamente le da la espalda a otras lenguas.
Tras la disolución de la Unión Soviética, en diciembre de 1991, aparecieron nuevos países en el mapamundi. Actualmente, la lengua del país más grande del mundo no solamente la hablan los 146 millones que lo habitan. El ruso y su alfabeto cirílico también son oficiales en Belarús, Kyrgyzstán y Kazajistán, así como en Ucrania y territorios de la antigua URSS, como Azerbaiján, Estonia, Georgia, Latvia, Lituania, Moldavia, Tajikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Además, hay gente que habla ruso en Chipre, Finlandia, Hungría, Mongolia, Polonia, China, Israel y los Estados Unidos.
Con semejante expansión geográfica y un poderío inapelable, la "autosuficiencia" se volvió contraproducente. En 2013, de hecho, el ruso fue el segundo idioma más utilizado para las búsquedas en internet, detrás del inglés. Cinco años después, descendió al 9° lugar y, según Internet World Stats, apenas el 26% de la población tiene acceso a Internet. Tal vez por eso las cosas estén cambiando y hoy sea el idioma más estudiado en el país.
