Allá por la primavera de 2018 el bisoño Liverpool de Jurgen Klopp se plantaba en la final de la Liga de Campeones de Kiev para enfrentarse ante el todopoderoso Real Madrid. El equipo blanco, entonces entrenado por Zinedine Zidane, buscaba su tercer cetro europeo consecutivo tras haber ganado el título en 2016 frente al Atlético de Madrid y en 2017 frente a la Juventus de Turín. Aquel día, tras un par de coyunturas de difícil explicación racional, también salió campeón. La aciaga noche de Loris Karius y la “accidental” (entre comillado por las continuas suspicacias del Liverpool aún habiendo pasado cuatro años) lesión de Mohamed Salah ,tras una fortuita acción con Sergio Ramos, decidieron el partido hacia el lado vikingo.
Han pasado cuatro años y los 'reds' han madurado hacia el equipo referente que entonces era el Madrid. Tercera final de Champions League en un lustro. La derrota de 2018 derivó en victoria frente al Tottenham Hotspur en 2019. Precisamente en Madrid. Premier League en el año 2020 con pandemia incluida. Y tras un año terrorífico en 2021 con las lesiones, el 2022 ha dejado los títulos de la Copa de la Liga y la FA Cup. Y han llegado a acariciar la Premier League antes de una catártica remontada del Manchester City frente al Aston Villa el domingo. Las claves para todo ello son varias. El equipo tiene mucha más experiencia en los grandes frentes. De los once titulares de la final de Kiev, el Liverpool sigue teniendo a ocho jugadores en la actual plantilla. Y hasta seis de ellos son titulares indiscutibles (Alexander-Arnold, Van Dijk, Robertson, Henderson, Salah y Mane). Klopp sigue creyendo en su bloque. En uno que ha construido y consolidado él.
El Liverpool no ficha grandes estrellas. Ficha jugadores de perfil medio y los convierte en estrellas. Rara vez pesca en grandes clubes (Thiago, Milner) y muchas más en equipos de perfil medio: Porto (Luis Diaz) Roma (Alisson y Salah), Southampton (Mane y Van Dijk), factoría Red Bull (Minamino, Konate y Keita), Schake (Matip)… e incluso rasca gangas de equipos pequeños (Robertson del Hull City o Fabio Carvalho, nuevo jugador procedente del Fulham para la próxima temporada). El equipo de Merseyside es un manantial de talento consolidado en el noroeste de Inglaterra.
La principal diferencia de este Liverpool con el que jugó la final de 2018, más allá del decisivo factor de la experiencia, es la profundidad de su plantilla. En aquella final, tras la lesión de Salah, el recambio fue Lallana. No había un repuesto de garantías en el banquillo para el ataque (porque Solanke era un jugador con un rol residual) y aquella vicisitud varió el plan de presión agresiva a través del 4-3-3 a un dibujo distinto con cuatro centrocampistas en el que el equipo de Klopp jamás llegó a encontrarse. Ahora el conjunto de Anfield tiene variantes y diversidad en cada línea del campo. La crisis de no tener centrales se ha olvidado tras la imponente llegada de Ibrahima Konate y la buena salud de Matip y Van Dijk. Tsimikas ha resultado un refuerzo más que positivo en el lateral izquierdo para suplir a Robertson. En el mediocampo la pléyade de alternativas es infinita. Thiago, Fabinho, Henderson, Keita, Milner, Curtis Jones, Harvey Elliott y Oxlade-Chamberlain. En ataque la terna con Salah, Mane, Jota, Luis Diaz y Firmino (más Minamino) hacen del equipo de Klopp un plantel completísimo lleno de alternativas para vencer a cualquiera.
La sed de venganza sigue latente en Liverpool. Era la final deseada desde que las semifinales se programaron. Y si dependiera de los aficionados Reds, hasta Sergio Ramos volvería a aparecer con el fin de intentar un resarcimiento completo. Aquella lesión de Salah y aquel partido siguen en la memoria y alma de cada aficionado de Anfield. Han pasado muchos éxitos y aquella infausta caída en Kiev fueron el pistoletazo de salida para una de las épocas más gloriosas de toda la historia del club. Pero aquel encuentro tan frustrante por la mala actuación de Karius no ha caído en casillero vacío ni tan siquiera cuatro años después.
Klopp, en el centro de la final. Jürgen se impuso al Real Madrid en aquella inolvidable final del 2013 con el Borussia Dortmund. Pero salió derrotado frente a los blancos en cuartos de final en 2014, en la final de 2018 y también en los cuartos de final de la temporada pasada (con el equipo en cuadro). El entrenador alemán, también tiene su verdugo europeo en el Real Madrid como lo ha tenido a nivel local con el Bayern Munchen en Alemania y con el Manchester City en Inglaterra. Ganar esta final, y conseguir un triplete en este curso 2022, apagaría esos fantasmas de inferioridad ante el equipo del Santiago Bernabéu y también frente al equipo de Pep Guardiola tras haber perdido esa impresionante maratón que es la Premier League.
Es el partido que espera el mundo. Y el Liverpool vuelve a estar en él. Ha conseguido algo ya histórico en esta Liga de Campeones como es el ganar los seis encuentros como visitante. Se ha alzado con dos títulos y ha peleado la Premier hasta el final con una inversión ridícula en comparación a sus adversarios de Manchester y el Chelsea. El ganar la final de París convertiría la temporada en extraordinaria. Y el caer dejaría un sabor agridulce tras haberse hecho con los dos títulos de menor relevancia. Pero la historia juega a su favor. En 1981 ya se dio esa misma final, también en París, y los de Merseyside fueron campeones. Sólo tienen que reescribir la historia. Además de continuar con la suya propia. Una preciosa que empezó precisamente en una final de Champions League frente al Real Madrid.
Juan Yagüe




