Jamás sería del Real Madrid. Admiro su manera de competir, sé que su verbo favorito es ganar, sé que compite como nadie, sé que su colección de gloria y trofeos fue, es y será insuperable y sé, desde que era un niño, que es el mejor del mundo. Sin embargo, llevo 47 años pensando que soy el tipo más afortunado del mundo, porque mi padre me concedió el regalo de ser del Atlético de Madrid. Es nadar contra corriente, rebelarse contra el poder establecido, tener presente que todo te cuesta el doble y saber que si caes, combates y te levantas, porque la vida no es quejarse de lo que otros tienen, sino superar tus miedos, afrontarlos y ponerte en pie cuando no tienes ganas de hacerlo. El verbo del Madrid es ganar. El del Atleti, pelear. Y uno no puede evitar pensar, viendo cómo el Madrid gana, cómo compite y cómo sale triunfante de cualquier desafío, que el Atleti consiste en escalar una y otra vez una montaña interminable. Querer ser mejor de lo que uno es. Actitud.
Hace años que suelo compartir con mis amigos colchoneros - que se cogen un buen cabreo conmigo al escucharme-, mi teoría sobre por qué me enamora Simeone como entrenador. Tiene mentalidad ‘madridista’. Quiere ganar. Trabaja, entrena, come y cena fútbol. Está obsesionado con ganar. Con menos armas, con menos recursos, con menos viento a favor, pero vive para ganar. Y esa mentalidad, esa búsqueda continua, esa rebeldía, esa necesidad imperiosa, es su gasolina. Y en realidad, es la del Atleti. El Madrid es el mejor, sí. Y el Atleti, peleando, se acercó. Y se acercó tanto, a codazos, que se hizo un hueco. Perdió y otras ganó, pero se metió donde otros decían que jamás podría meterse. Estuvo a pulgadas de hacer posible lo que todos decían que era imposible. ¿Es suficiente? No. Hay que buscar más. Hay que caer y levantarse. Hay que aguantar los golpes sin dejar de avanzar porque, como decía Rocky, así es como se gana. Actitud.
No duele en prendas felicitar a los madridistas. Tienen motivos para festejar y sentirse muy orgullosos de su equipo. Se entiende su felicidad y se puede y debe reconocer su mérito, sin excusas, ni peros. Lo del Atleti es otra cosa. Va de ser lo que siempre ha sido: rebeldía y pelea. Que te den una paliza, dos, tres, cuatro y cien, pero que te levantes otra vez. Actitud. Repartir carnés de buenos y malos aficionados es gratis, pero más allá de la pasión, conviene no hacerse trampas al solitario. Es compatible renegar del ‘enemigo’ y admirar sus virtudes. Es humano rechazar lo que significa y a la vez, reconocer su mérito. No menoscaba, dignifica. El Madrid es el mejor. Su crisis es ser segundo. Y uno, que no es del Madrid ni siente la necesidad de serlo, disfruta siendo del Atleti. Y cada día, más. Actitud.
La gloria, como el campo, es del que lo trabaja. Y el Atleti, si vuelve a pelear como el mejor, volverá a tener opciones de serlo. Lisboa y Milán siempre estarán ahí. Las 13, 14, 15 y 66 Champions seguirán estando siempre ahí. Y el Atleti, por supuesto, también seguirá ahí. Con las cicatrices visibles, pero con el orgullo intacto, con ganas de ser lo que todos le dicen que no es. Seguirá de pie. El Madrid es ganar siempre, esa es su cultura, su leyenda y su exigencia. El Atleti es otra cosa. Es explorar tus propios límites, ilusionarte y coronar una montaña que jamás se termina. Cada quien elige lo que quiere ser en su vida. Es una pasión.
Al fin y al cabo, el fútbol es una pasión inexplicable. Unos la llaman Atleti, otros Madrid, otros Barça y otros Betis. Da igual. Sigue siendo una pasión inexplicable. Por eso nos apasiona, porque es inexplicable. Son mitos, ritos y símbolos. Relatos y leyendas. Y sobre todas las cosas, tribus que sienten diferente. Lo único que es universal en este deporte, como en la vida, es la actitud. Saber quién eres, qué representas, para quién juegas, qué defiendes, qué quieres ser y qué estás dispuesto a sacrificar para lograrlo y hacer que tu gente se sienta orgullosa de ti. Hay quien dice que quien habla de actitud no sabe de fútbol. Yo creo que quien cree que la actitud no es todo en el fútbol, no sabe nada de la vida. El fútbol es el mejor relato de la vida. Y la vida no se explica, se vive.
Rubén Uría




