No hay rival que pueda tumbar a este Barcelona. Por lo menos, eso es lo que ha demostrado el equipo de Jonathan Giráldez desde que iniciara su andadura en la Women's Champions League de la temporada 2021-22. El conjunto ganador del triplete sigue dominando con mano de hierro la competición femenina de clubes más importante de Europa, de la que quieren conseguir el segundo título consecutivo como si no hubiera existido nunca ese curso perfecto. El triplete ya se ganó y en el fútbol solamente vale el presente. Las notas de la temporada pasada ya se pusieron y ahora toca pensar en las de este final de año deportivo, que dependerán sin duda del rendimiento en la Champions, tras haber ganado ya LaLiga Iberdrola a una distancia abismal del segundo clasificado, la Real Sociedad, con el que le separan 22 puntos.
Las sensaciones que deja este Barça son incluso mejores que la pasada temporada. Lo son por haber sometido sin ningún margen para el error a un Wolfsburgo (5-1) que conseguirá el doblete en Alemania. Líder sólido del campeonato local, el equipo de Tommy Stroot es un histórico campeón de la Champions. Tiene dos en su palmarés y tres subcampeonatos, y seguía siendo hasta hoy candidato firme a llegar a la final de Turín. Pero se encontró con el Barcelona, el mejor equipo de la competición sin ninguna duda, que le atropelló sin miramientos ante un Camp Nou que superó de nuevo el récord mundial de asistencia con 91.648 espectadores, cien más de los que estuvieron presentes en los cuartos de final ante el Real Madrid.
El Barça es un equipo extraordinariamente trabajado y terriblemente inteligente. Está construido en base al ADN cruyffista de toda la vida, moviendo el balón a una velocidad de vértigo -sobre todo entre las centrocampistas-, pero de la misma manera que lo hacía el Barça masculino de Luis Enrique, las jugadoras de Giráldez sobresalen en la generación y aprovechamiento de espacios. Ante el Wolfsburgo volvieron locas a las defensas alemanas con movimientos constantes de las futbolistas de arriba, sobre todo una Jennifer Hermoso que no paró de arrastrar a las dos centrales en cada acción de la primera mitad. Ese espacio fue aprovechado por las centrocampistas que llegaron libres desde la segunda línea; de ahí que Aitana Bonmatí y Alexia Putellas tuvieran sendos uno contra uno frente a la portera Almuth Schult. Las dos resolvieron en gol.
Pero este Barcelona lo tiene todo. Delanteras que definen, centrocampistas que generan y llegan al área y extremos que desequilibran con velocidad y calidad técnica, con una parte derecha imparable con Caroline Graham Hansen, que se postula para el Top-3 mundial, ese podio del Balón de Oro que seguirán copando las jugadoras azulgrana si nada cambia. También en defensa este equipo es supremo. Ninguna futbolista del Wolfsburgo pudo con la contención, la anticipación y la fortaleza de María León e Irene Paredes. El Barça todavía no está en la final del norte de Italia, aunque debería suceder una debacle sin precedentes en Alemania para que las culés se quedaran fuera de Turín, que será otra cosa: allí esperarán Olympique de Lyon o París Saint-Germain, también candidatas a levantar el título continental.
