Boca Juniors derrotó a Talleres de Córdoba por 1-0 con gol de Marcos Rojo, en un partido en el que la mirada de La Bombonera y el contexto era muy pesado. Hugo Ibarra logró su primera victoria como técnico del Xeneize, en un resultado que como él destacó en conferencia de prensa, era vital para empezar a recuperar la parte anímica del plantel.
Como si fuera una montaña rusa, Boca pasó de ser campeón otra vez del fútbol argentino, de soñar con la Libertadores y en refuerzos de la talla de Arturo Vidal, a tener que despedir a Sebastián Battaglia, quedarse eliminados en octavos de la Copa y vivir unas semanas de conflictos entre el plantel y la dirigencia. Ese cambio abrupto ocurrió en menos de dos meses y es lo que obligó al Xeneize a tener que ganarle como sea a Talleres en La Bombonera. No importaban tantos las formas, porque el resultado es lo único que realmente pesaba para cortar con una mala racha y la posibilidad de que toda la situación siguiera escalando.
Pese a las polémicas declaraciones de Darío Benedetto entre semana, y con la confirmación de que el plantel amagó a no concentrar contra Corinthians por un reclamo de premios, La Bombonera lució repleta y con un marco de apoyo absoluto. Los hinchas apostaron a que la forma para ayudar cambiar la situación estaba desde la banca y no desde el señalamiento. Aún así, hubo cosas que cambiaron, como la desaparición de las ovaciones para el Pipa, quien en esta ocasión recibió varios aplausos y algunos silbidos.
En cuanto al juego, Hugo Ibarra sostuvo el once y el esquema que cayó de manera tan apática contra San Lorenzo. El entrenador parece haber buscado sostener desde lo emocional a un equipo que, como él expreso en reiteradas ocasiones, está golpeado por la caída en la Libertadores. En los primeros minutos de juego se vio a un Boca diferente, presionando más alto y con desmarques sin pelota en ataque. Así fue que se generó el penal, con un gran pase de Romero, una diagonal de Benedetto y la mano de Pérez que sancionó el árbitro Dóvalo. Lamentablemente para el Xeneize, por tercera vez, Pipa erró su disparo al estallar el balón contra el travesaño. Y, al igual que contra Corinthians, eso provocó un bajón anímico en el funcionamiento.
Durante un lapso Boca se cayó y permitió que Talleres se creciera, aún sin peligro sobre el arco de Rossi. Ahí se vio otra vez los mismos errores que viene teniendo el plantel, con diferentes entrenadores, en los últimos años: con la sobrecarga del peso ofensivo en el sector izquierdo, haciendo a Villa y Fabra el obvio tándem de desequilibrio, saltando a los volantes, siendo directo y con poca gente llegando al área. Ibarra tomó nota y pasó del 4312 al 433 con Óscar Romero como extremo. Sin generar, aún así el Xeneize tuvo una clara con una pelota que Benedetto bajó de pecho y que Pol Fernández no convirtió porque el defensor Pérez bloqueó con su mano el disparo. La polémica estuvo presente, ya que el árbitro no vio la clara infracción y el VAR liderado por Mauro Vigliano no lo llamó para revisar la jugada.
En el complemento Hugo Ibarra siguió apostando al mismo once, pero cuando Juan Ramírez perdió una nueva pelota, llamó a Exequiel Zeballos para que intensifique la preparación. El cambio se hizo efectivo y el técnico volvió a modificar el esquema, pasando a un 4312. Si bien el juvenil no generó peligro real, su entrada fue como un chispazo que hizo que otra vez Boca cambiara su actitud y se parara con otra voracidad. El Changuito aportó electricidad y actitud, mostrando una garra y un esfuerzo defensivo que no había sido parte de sus presentaciones en primera. El más chico de todos fue quien mejor interpretó lo que pedía el partido y la gente, provocando una reacción colectiva.
Si bien Ibarra no volvió a modificar el esquema, le pidió a Zeballos y Villa que rotaran constantemente de bandas, provocando que Boca deje de ser tan obvio en sus ataques y eso también ayudó. La apertura del marcador vino a través de la revancha en un penal, con Benedetto recibiendo un durísimo pisotón de Pérez, que el árbitro volvió a omitir, pero que en esta ocasión el VAR acertó al llamarlo para revisar. La falta fue sancionada y Talleres se quedó con uno menos por la doble amarilla del central. Rojo se hizo cargo, porque lo había charlado en el vestuario con Pipa y porque el delantero no podía pisar del dolor. El capitán marcó el 1-0 con mucha jerarquía al mirar constantemente el movimiento de Herrera.
Ibarra mandó a la cancha a Vázquez por la lesión de Benedetto y luego a Medina por Romero, volviendo otra vez al 433. Hubo un tiro en el palo de Pol Fernández y varias contras mal ejecutadas que pudieron haber aumentado el marcador. Por su parte, Talleres sólo tuvo un remate de Esquivel desde muy lejos y uno de Valoyes, en un rebote de un córner, que Rossi - el más ovacionado de la noche - contuvo con serenidad.
Boca no brilló, tuvo una mala actuación, pero mereció ganar y rompió una racha negativa de cinco partidos sin triunfos. La gente desde el apoyo puso calma y Hugo Ibarra consiguió un resultado anímico para intentar revertir el mal momento. Por calidad de jugadores, por historia y porque la tabla así lo dice, el Xeneize tiene chance real de pelear este campeonato. Habrá que ver si la montaña rusa sigue, o si se aprendieron lecciones que permitan que el semestre termine igual de bien que el anterior.


