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GFX Romario 1-1GOAL

De adolescente egocéntrico a fenómeno del Mundial: Cómo Romario se convirtió en una superestrella mundial

Peter McVitie
Traducido por
  • «Cuando nací, Dios me miró y dijo: “Es el hombre”».

    La mayoría aprende a vivir con las limitaciones que le imponen la naturaleza o las circunstancias. Cuando parece que todo está en contra de sus sueños, pasa a un segundo plano y se resigna a un silencio desesperado. Romario no lo hizo.

    Romario nació en la extrema pobreza de la favela de Jacarezinho, en Río de Janeiro, y sus padres tenían dificultades para pagar los medicamentos para su asma. Sin embargo, parece que nunca contempló la posibilidad de tener limitaciones, y mucho menos las aceptó. Quizá esa convicción surgió cuando el fútbol se convirtió en un remedio para sus problemas respiratorios.

    Escribió en The Players Tribune: «Tenía asma cuando tenía cuatro años y dormía mal. Así que, por la noche, si me costaba conciliar el sueño, cogía a mi padre de la mano y un balón con la otra. Hablábamos un rato hasta llegar a las vías [del tren], y allí jugábamos unos 10 minutos. Ya entonces estaba obsesionado con el balón. Darle unas patadas durante un rato bastaba para hacerme feliz. Cuando volvíamos a casa, dormía como un tronco».

    Aquel remedio nocturno contribuyó a sentar las bases de su grandeza. Aunque las categorías inferiores del Vasco da Gama pronto se le quedaron pequeñas y debutó como profesional a principios de 1985, Romario seguía teniéndolo todo en contra. Con apenas 1,65 m de altura y tratando de ganarse la vida como delantero, era subestimado constantemente.

  • Presentando su candidatura

    Romario Brazil 1988
    Getty Images

    Ya desde muy joven, Romario tenía una confianza extraordinaria.

    Romario, sin embargo, tenía una confianza en sí mismo que rozaba lo absurdo. Un día de 1985, mientras Antonio Lopes, entrenador del Vasco, daba por concluido el entrenamiento, el joven jugador del equipo reserva se le acercó y le exigió lo impensable: tenía que dejar fuera del equipo a Roberto Dinamite, el prolífico capitán de 1,85 m que llevaba más de 15 años en el club.

    «Ya juego mejor que él», dijo el menudo futbolista de 19 años, según Lopes.

    El entrenador no iba a apartar al legendario delantero para dar paso a un joven que aún no había demostrado nada. Se tomó la petición a broma y le recordó a Romario que Dinamite, con 16 goles en 15 partidos de la campaña de 1985, «todavía sabía marcar goles».

    Según reconoció el propio Lopes, no quería contar con Romario en absoluto. Había pedido al presidente del club que fichara a más jugadores, pero le dijeron que recurriera a la cantera. Finalmente, llegaron a una solución de compromiso con Romario: el aprendiz sería titular en la banda para apoyar al veterano.

    En agosto, poco después de su enfrentamiento con Lopes, Romario tuvo por fin su oportunidad como delantero centro en un partido del campeonato del estado de Río de Janeiro en Nova Venecia. Muchos de los 2.708 espectadores se llevaron una gran decepción al enterarse de que Dinamite, el gran atractivo del encuentro, estaba lesionado. Pero pronto quedaron maravillados al ver cómo el joven y descarado Romario dominaba el partido y marcaba dos goles.

    Tal como le había advertido a su entrenador, cumplió, y no tardó en arrasar en Brasil. Formó una pareja de ataque explosiva con Dinamite y terminó como máximo goleador del Campeonato Carioca en 1986, año en el que el Vasco perdió la final. Después condujo al equipo a dos títulos estatales consecutivos, con una actuación que incluyó un caño al portero del Flamengo en la ida de la final de 1988 antes de ser expulsado por pelearse en el partido de vuelta.

    El fallecido Dinamite, que ostenta los récords de goles y partidos disputados con el Vasco y que acabó siendo presidente del club, dijo de él: «¿Sabes cómo era jugar con Romario cuando tenía 20 años? Solo tenías que pasarle el balón. De cada tres que le llegaban, metía dos en la portería».

    En otra entrevista, afirmó: «Es el mejor delantero centro que he visto jugar».

    La fiebre por Romario se extendió por Brasil. Declaró a una revista que marcaría 1.000 goles en su carrera, una cifra que asegura haber alcanzado, y no parecía haber muchos motivos para dudar de él.

  • Rumbo a Europa

    Romario Brazil 1988
    Getty Images

    Una extraordinaria campaña olímpica precedió al fichaje de Romario por el PSV

    El resto del mundo aún no había reparado del todo en la enorme aura que rodeaba al fenómeno apodado «Baixinho marrento» («Bajito chulo»). Eso cambió en 1988.

    Brasil llevó a los Juegos Olímpicos de Seúl a una generación espectacular de futbolistas. En la convocatoria figuraban futuras leyendas campeonas del mundo como Claudio Taffarel, Bebeto, Mazinho y Jorginho, pero fue el diminuto atacante quien acaparó la atención.

    Romario fue el máximo goleador del torneo con siete tantos. Empezó con un doblete ante Nigeria y desarboló a Australia con un triplete en el siguiente partido. En la semifinal, con Brasil perdiendo 1-0 ante Alemania Occidental, marcó el empate en el minuto 79 y después convirtió su lanzamiento en la tanda de penaltis.

    Brasil se enfrentó a la Unión Soviética en la final, donde Romario abrió el marcador a los 29 minutos. Aunque los soviéticos remontaron y ganaron en la prórroga, dejando a Brasil con la medalla de plata, el jugador de 22 años salió del torneo valiendo su peso en oro.

    El secreto había dejado de serlo. Barcelona y Real Madrid lo querían, pero Romario eligió al PSV, campeón de la Copa de Europa.

    «Lo más importante fue que fuimos los primeros en contactar con él», dijo el entrenador Guus Hiddink. «Pero sí, unos días después llegaron el Real Madrid y el Barcelona, que tenían muchos más recursos económicos. En ese momento ves a muchos jugadores cambiar de idea. “Voy a ir al PSV”, dijo Romario. Cumplió su palabra, algo que agradecí mucho».

    El PSV descubrió a Romario en unas circunstancias insólitas. En el verano de 1988, quería fichar a toda costa a Marc Degryse, del Club Brugge. El club belga se negó a venderlo y alegó que antes quería cerrar el fichaje de otro delantero que estaba brillando en los Juegos Olímpicos.

    Al PSV le picó la curiosidad y Kees Ploegsma, responsable de fichajes del club, despertó a su hijo, un apasionado del fútbol, en mitad de la noche para preguntarle quién podía ser aquel misterioso objetivo. El tesorero del PSV, Harry van Raaij, contó la historia: «De regreso [de Bélgica], llegamos a la conclusión de que tenía que ser el delantero de Brasil. Cuando llegamos a Eindhoven, fuimos directamente a casa de Ploegsma.

    «Ya eran las 23:30. “Nuestro pequeño Kees lo sabe, pero ya está dormido”, dijo Ploegsma, y entonces despertó a su hijo. “Ah, es Romario”, dijo el pequeño Kees».

    Hoy en día, la red de ojeadores de un equipo puede encontrar sin problemas vídeos y multitud de estadísticas sobre jugadores así, pero Ploegsma tuvo que recurrir a otro método poco habitual para saber más. Contactó con la sede brasileña del gigante tecnológico Philips, la empresa fundadora del PSV, para averiguar si algún aficionado al fútbol que trabajara allí podía darle información.

    «Allí había un gran aficionado al fútbol y le preguntamos por Romario», continuó Ploegsma en una entrevista con PSV Supportersvereniging. «Nos dijo que Romario podía llegar a ser un jugador de primer nivel».

    Romario tampoco sabía nada del club ni de Eindhoven, pero aceptó el traspaso. Le esperaba una sorpresa.

  • «Choque brutal de culturas»

    Romario PSV 1991

    Romario causó sensación en Eindhoven, pero su estilo de vida le provocó algunos problemas

    «En Países Bajos fue j*didamente duro», dijo Romario. Los inviernos eran demasiado oscuros y fríos, así que se saltaba entrenamientos con frecuencia. A menudo viajaba a Brasil para jugar al fútbol playa en vez de hacer carreras de larga distancia durante el frío invierno neerlandés. Una vez se negó a salir de casa durante tres días: «Los chicos se preocuparon por mí. Llamaron a mi puerta y no contesté».

    Había otro problema. Romario no era de los que llevan una vida de callada desesperación: le encantaba salir de fiesta. Organizaba fiestas famosas en su casa y le gustaba ir a discotecas, donde a menudo se quedaba hasta la madrugada.

    «Algunas mañanas estaba fenomenal en los entrenamientos», escribió Sir Bobby Robson en su autobiografía. «Otros días, bastaba con mirarlo para saber que se había dejado las fuerzas y las piernas en casa o en una discoteca».

    Robson continuó: «El alcohol no era el problema, porque él era más de Coca-Cola, pero se quedaba fuera hasta las cuatro de la mañana y dormía todo el día antes de un partido que empezaba a las 19:30. Nos llamaban para decirnos: “Romario ha estado fuera toda la noche. Se ha marchado de aquí a las cuatro”. Bailaba, charlaba, conocía a una mujer de la zona, se iba de juerga con ella y luego dormía todo el día para estar “fresco” para el partido».

    «Fue un choque cultural brutal», contó el portero Hans van Breukelen a Frans van den Nieuwenhof en su libro Romario in Eindhoven. «Él tenía que adaptarse a nosotros, y no al revés. Ahora puedes decir que esa forma de razonar estaba completamente equivocada».

    Lo que motivaba a Romario era su determinación de seguir alejándose de la pobreza. «Cada vez que tenía tanto frío que no sentía los dedos de los pies, recordaba cuando cargaba losas para tejados para mi padre con el fin de llegar a ser futbolista. ¿Iba a renunciar a mi sueño porque hacía frío?

    «Acabé comprándole una casa a mi familia… con una empleada doméstica y un chófer. Para mí fue una victoria enorme».

    Romario tuvo que esperar hasta finales de octubre para estrenarse con la famosa camiseta roja y blanca, pero se adaptó sin problemas. Marcó el único gol del partido en su tercera aparición en la Eredivisie y firmó un triplete una semana después. En marzo marcó en los dos partidos de cuartos de final de la Copa de Europa contra el Real Madrid, aunque el PSV perdió en la prórroga.

    Romario marcó 25 goles en 33 partidos aquella temporada y el club de Eindhoven logró el doblete. El brasileño anotó uno de esos goles en la final de la KNVB Beker.

  • Los juegos psicológicos funcionan de maravilla

    Romario PSV 1991

    Guus Hiddink tuvo que recurrir a ciertas artimañas psicológicas para guiar a Romario y al PSV en la Champions League

    A veces, Romario parecía tan perezoso sobre el césped como sugería su fama fuera de él, pero aparecía una y otra vez en el lugar y el momento oportunos para dar el toque final. Hacía que todo pareciera fácil.

    Hiddink recuerda: «Antes de los partidos decisivos, cuando estás un poco nervioso, venía a verme y me decía: “Míster, tranquilo (relájate). Romario marcará y ganaremos”. Y así era. No siempre, pero en ocho de cada diez partidos como esos marcaba el gol de la victoria».

    En su segunda temporada, Hiddink empezó a frustrarse por los continuos retrasos de Romario a las reuniones del equipo y a los entrenamientos. Al entrenador le aterraba que su equipo estuviera camino de la eliminación de la Copa de Europa tras empatar 0-0 con el Steaua de Bucarest en la ida de octavos de final. Necesitaba a Romario en su mejor versión, así que recurrió a métodos poco habituales para motivarlo.

    «Convocó una reunión antes del partido contra el RKC Waalwijk y tres días después jugábamos contra el Steaua de Bucarest», contó en el pódcast MidMid. «Pensé: “Tengo que provocar de alguna manera a ese pequeñajo”. Así que, aunque normalmente nunca hago esto, cambié la hora de mi reloj un minuto. Sabía que llegaría justo a la hora [a la que debía empezar la reunión]. Empecé a las 11 y Romario aún no estaba. Uno o dos minutos después se abrió la puerta y le dije: “Lárgate. No quiero volver a verte”».

    Cuando Romario protestó que había llegado a tiempo, Hiddink señaló su reloj y le dijo que no estaría en la convocatoria contra el RKC. Explicó sus motivos: «Los grandes jugadores reaccionan, mientras que los que están cerca de serlo eligen la batalla equivocada, ¿sabes? Quieren que sientas lástima por ellos y ponen el labio tembloroso. Los grandes jugadores vuelven diciendo: “Ya verás, amigo”».

    El partido empezó de la peor manera. El Steaua se adelantó a los 17 minutos, pero el PSV empató menos de cinco minutos después gracias a un espectacular lanzamiento de falta de Juul Ellerman. Un centro de Soren Lerby encontró a Romario completamente solo en el centro del área y el brasileño puso por delante al PSV de cabeza justo antes del descanso. Ambos volvieron a combinar al comienzo de la segunda parte. Esta vez, Lerby envió un balón alto por el centro y la presencia de Romario desconcertó al portero y al defensa, lo que le permitió marcar a puerta vacía.

    Tras otro gol de Ellerman, Romario humilló a los visitantes. Recibió un pase cerca del círculo central, superó a un defensa y luego hizo caer al suelo a otro central y al portero antes de rematar con fuerza desde un ángulo cerrado para completar su triplete.

    «Basta con ver el partido, estaba completamente desatado», dijo Hiddink.

    Aun así, el entrenador lamentó cómo había tratado al delantero estrella. «Después del partido, estaba fuera de mí. Le dije: “Romario, esta noche nos has salvado, pero llevo un tiempo sin estar en mi mejor momento. Cambié la hora de mi reloj antes de la reunión del equipo”. Él me respondió: “Me lo imaginaba, pero eso hizo que me concentrara de verdad”. Y ahí quedó todo, borrón y cuenta nueva».

    Aunque el equipo neerlandés cayó eliminado ante el Bayern de Múnich en cuartos de final, y Romario se perdió ambos partidos por lesión, el brasileño terminó como máximo goleador de la competición, empatado con otros jugadores, con seis tantos. En su ausencia, el PSV perdió la lucha por el título frente al Ajax por un punto.

  • Domar a la cobra

    Sir Bobby Robson PSV

    Ni las defensas neerlandesas sobre el campo ni uno de los mejores entrenadores de Inglaterra fuera de él pudieron acallar a Romario.

    La temporada siguiente, con Robson al mando, Romario estuvo imparable. Vaselinas de primeras desde el borde del área, remates de cabeza en el segundo palo, goles fáciles a bocajarro y carreras llenas de habilidad entre defensas que culminaban con un cañonazo a la red: Romario siempre encontraba la manera de dejar en evidencia a sus rivales y marcar. Le hizo cuatro goles al Feyenoord y dos al Ajax, y terminó la campaña con 30 tantos en otros tantos partidos, además de ganar por tercera vez el premio al máximo goleador de la Eredivisie.

    «A unos 27 metros de la portería, era extraordinario», escribió Robson. «Podía regatear a cualquiera. Era un gran rematador, sabía jugar de espaldas a la portería y resultaba peligroso por alto, pese a su escasa estatura».

    Aun así, el estilo de vida de Romario enfurecía al legendario entrenador. Con Hiddink, otros jugadores ya se habían quejado de que la estrella no trabajaba en defensa. Romario respondió a esas críticas humillándolos en los entrenamientos, donde se convirtió en un auténtico especialista en robar balones. Pero el resentimiento había crecido aún más.

    Romario era el jugador mejor pagado del equipo y, según Robson, a sus compañeros les molestaba que no tuviera que entrenarse tan duro como ellos ni siquiera llegar puntual al autobús del equipo.

    «En algunos partidos estaba deslumbrante», continuó. «En otros se mostraba apático, distraído. Los jugadores pronto aprendieron a reconocer los días malos de Romario. Durante una derrota, oí a Eric Gerets hablarle de forma agresiva… Eric le decía: “Escucha, jodido no sé qué, sé que cobras más que yo. Lo entiendo y no lo discuto porque eres mejor jugador que yo. Puede que yo salve un partido, pero tú puedes ganarlo. Lo que sí discuto es que el sábado todos cobramos una prima, y yo me estoy dejando los huevos para conseguirla, mientras que tú no. Luchamos juntos”».

    Como lo expresó el inglés: «Los Romarios de este mundo no se dan cuenta de hasta qué punto pueden socavar la cohesión de un equipo».

    Después de que Romario se marchara a escondidas en mitad de un entrenamiento alegando que le dolía la espalda, Robson se reunió con él y recurrió como intérprete a su ayudante Frank Arnesen, que hablaba algo de español. Cuando le dijeron al jugador que «dejara de marcharse del campo de entrenamiento» y abandonara su costumbre de salir de fiesta los viernes por la noche, los entrenadores solo obtuvieron silencio por respuesta.

    «Lo único que hacía era clavar la mirada, como una cobra, en los ojos de Frank Arnesen, de forma bastante agresiva. Frank empezaba a ponerse nervioso. Romario lo estaba desafiando. Empezaba a sentirse humillado. “¿Comprehendo?”, le preguntábamos mientras nuestra pequeña cumbre se prolongaba, pero Romario seguía sin hablar». Callado. Nunca desesperado.

    Romario pasó lesionado buena parte de la temporada 1991-92, pero siguió siendo letal de cara a puerta cuando jugó. La temporada siguiente volvió a serlo y terminó como máximo goleador de la recién renovada Champions League, aunque el PSV no superó la fase de grupos de la segunda ronda.

    Aquel verano había llegado el momento de marcharse. Hiddink quería reencontrarse con él en el Valencia, pero su compatriota Johan Cruyff se le adelantó: estaba deseando incorporar al exuberante brasileño a su célebre equipo del Barcelona.

  • Nuevo equipo, el mismo Romario

    Romario Barcelona 1994

    Romario parecía el fichaje soñado para el Barcelona, pero también le causó problemas a Cruyff

    Su etapa en Barcelona fue breve, pero fulgurante. Tras una pretemporada repleta de goles, el delantero de 27 años debutó en La Liga con un triplete ante la Real Sociedad. Fue una llegada espectacular y el ágil atacante no tuvo problemas para estar a la altura de las expectativas que él mismo había creado: fue el primero de los cinco tripletes que marcó en la competición aquella temporada.

    Dos llegaron contra el Atlético de Madrid. El Barça perdió el primer partido por 5-3 y luego ganó por el mismo resultado en el Camp Nou. Osasuna sufrió otro de sus tripletes, en el que Romario firmó uno de los goles con una atrevida vaselina por encima del portero. El más famoso, por supuesto, llegó contra el Real Madrid.

    ¡Y qué actuación fue aquella! Un 5-0 demoledor, con Romario como protagonista.

    Todo comenzó con Pep Guardiola. Cuando el discreto pase del centrocampista llegó al pie derecho de Romario en el borde del área madridista, era imposible saber qué haría a continuación. De espaldas a la portería, justo fuera del área, tenía pocas opciones. Dos jugadores del Real Madrid esperaban que retrocediera. Avanzar hacia la portería también parecía imposible: tenía un defensa del Madrid justo a su izquierda y otro a su derecha, que le desafiaban a intentarlo.

    Y Romario lo intentó. Con un solo movimiento fluido, superó a un central y al portero y colocó el balón en una esquina inferior de la portería.

    Romario ganó el premio al máximo goleador de La Liga con 30 tantos en 33 partidos y marcaba goles con facilidad sobre el césped. Fuera de él, tampoco renunciaba a pasarlo bien. Cuando llegó el Carnaval, pidió permiso a Cruyff para volver a casa, a Río de Janeiro.

    «Le respondí: “Si marcas dos goles mañana, te daré dos días más de descanso que al resto de jugadores”», contó Cruyff. «Al día siguiente, Romario marcó su segundo gol a los 20 minutos de partido e inmediatamente me hizo un gesto para pedirme que le dejara marcharse. Me dijo: “Entrenador, mi avión sale en una hora”. No tuve más remedio que dejarle marchar, porque había cumplido su promesa».

    El Barça había fichado en el PSV al azote de la Champions League para afianzar esa reputación, pero Romario solo marcó dos goles en el camino hacia la derrota por 4-0 ante el AC Milan en la final de 1994. Cuando su relación con Cruyff se deterioró, Romario decidió regresar a casa y fichó por el Flamengo, aunque antes conquistó el mundo.

  • Conquistar el mundo

    Mazinho, Bebeto, Romario 1994

    Brasil empezó a desesperarse y Romario, anteriormente apartado, dio un paso al frente y desempeñó un papel clave en su camino hacia la final del Mundial de 1994.

    Las críticas públicas al seleccionador Carlos Alberto Parreira deberían haberle costado a Romario su plaza en el Mundial de 1994. Había sido apartado de la selección, pero Brasil afrontaba un último partido de clasificación decisivo contra Uruguay y Parreira se tragó su orgullo y volvió a convocarlo.

    Brasil ganó 2-0. Romario marcó los dos goles.

    «Puedes preguntarle a cualquiera que estuviera allí y te dirá que quizá fue el mejor partido que puede jugar un futbolista», dijo más tarde el delantero. «En una escala del uno al diez, saqué un once».

    El Mundial fue suyo. Romario en estado puro. Un difícil remate con la puntera ante Rusia en el primer partido; un buen control y un toque para superar al portero de Camerún; una carrera entre dos defensas de Suecia para empujar el balón a la red; un remate a la salida de un córner contra Países Bajos; y otro gol a Suecia, esta vez de cabeza, en semifinales. Brasil no habría llegado a la final sin él.

    En la primera parte contra Italia, un cabezazo de Romario fue detenido sin problemas. En la segunda, recibió el balón en el segundo palo y parecía destinado a aprovechar la ocasión, pero tropezó y el balón salió por la línea de fondo.

    La final se decidió en los penaltis. Brasil falló el primero; Italia, no. Romario lanzó el segundo y marcó. Después de que Roberto Baggio enviara su disparo por encima del larguero, Brasil se proclamó campeón y Romario ganó el Balón de Oro. Por fin, el menudo brasileño había estado a la altura de su ego.

    Romario ha sido acusado de muchas cosas, pero nunca se ha quedado callado y nunca estará desesperado.