En Roma se interponía en su camino el equipo de Van Gaal, vigente campeón de Europa. Además de ganar la Supercopa de la UEFA y arrasar con sus rivales en la Eredivisie en la temporada 1995-96, jugadores como Van der Sar, Jari Litmanen, Patrick Kluivert, Edgar Davids, Danny Blind y los hermanos De Boer protagonizaron otra campaña europea dominante, en la que solo dejaron de ganar en dos ocasiones antes de llegar a la capital italiana.
La Juve era muy consciente del desafío que tenía delante, y Sergio Porrini señaló a Litmanen como la principal amenaza.
«Sin duda era el más peligroso. Atravesaba un momento en el que, si tocaba el balón, marcaba. Y, de hecho, marcó. Los extremos de aquel 4-3-3 también eran muy buenos: el neerlandés Kiki Musampa y el nigeriano Finidi George. Podían hacer daño en ataque, pero al mismo tiempo concedían mucho en defensa».
Sin embargo, el ímpetu juvenil del Ajax ya se había convertido en arrogancia, y Van Gaal dio a sus rivales una motivación adicional.
Como contó Ciro Ferrara: «De hecho, unos días antes de la final, cuando le preguntaron quién ganaría la Champions League, el entrenador del Ajax, Van Gaal, respondió: “No sé quién ganará, pero sé que esa copa volverá en nuestro avión”».
El italiano añadió: «Aquello nos dio el impulso que necesitábamos».
Lippi arengó a sus jugadores con un discurso improvisado y los envió al campo con este mensaje: «Nueve de cada diez veces ganan ellos, pero una maldita vez nos toca a nosotros. Y esta es la noche».
Sus palabras surtieron efecto de inmediato. A los 12 minutos de la final, Frank de Boer calculó mal un remate de cabeza y esperó a que Van der Sar saliera a por el balón, pero Ravanelli se adelantó, se lo robó y lo empujó a puerta vacía.
El Ajax respondió bien, sin embargo, y las palabras de Porrini resultaron proféticas cuando el portero Angelo Peruzzi rechazó una falta lanzada por De Boer hacia Litmanen, que se impuso a un defensa y marcó desde cerca.
Ninguno de los dos equipos logró romper el empate durante el resto de los 120 minutos de intenso fútbol y todo acabó decidiéndose en una tanda de penaltis.
Según Lippi, Gianluca Vialli se negó a lanzar uno de los primeros penaltis, atormentado por los recuerdos de aquel mismo estadio cuando representaba a Italia en el Mundial.
«En el Olímpico había fallado un penalti contra Estados Unidos en el Mundial de 1990 y me había roto el pie al lanzar otro contra la Roma», contó a Corriere della Sera para explicar por qué quería lanzar el quinto o el sexto penalti. «Aquella noche sabía que era mi última oportunidad de ganar la Champions League.
»¡Imagínate las pesadillas que habría tenido si no!».
Lippi explicó: «Vialli arrastraba las malas sensaciones de la final contra el Barcelona y esa final le importaba especialmente. Me dijo: “Esta Champions League me importa tanto que, si perdiéramos porque fallo el penalti, me suicidaría”».
En el Ajax ocurría algo parecido, como reconoció Sonny Silooy: «Ninguno de nosotros quería lanzar un penalti después de la prórroga. Aquello me fastidió mucho. Louis había preguntado a todos. Jugadores clave rehuyeron la responsabilidad».
Mientras Ferrara, Gianluca Pessotto y Padovano marcaron sus lanzamientos, el portero Peruzzi fue decisivo bajo los palos. Desvió el primer intento de Davids, del que después se rio diciendo que el centrocampista «¡me tiró el balón justo a mí!», y luego se lanzó para detener el de Sonny Silooy.
Con 3-2 en el marcador, le llegó el turno a Jugovic.
Sus compañeros estaban nerviosos y los directivos en la grada no se atrevían a mirar, pero Jugovic sonreía. Intuía que el desenlace ya estaba decidido.
«Estaba seguro de que marcaría; sonreía porque el destino me había elegido para una victoria tan importante, tanto para mí como para la Juventus, un club que llevaba tantos años esperándola», contó a Corriere della Serra.
Van der Sar no tuvo ninguna posibilidad de detener el misil que Jugovic envió a la esquina inferior de la portería.