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Gareth Bale: un carrilero, ¿con alma de delantero?

7:00 GMT-6 28/02/18
Bale Espanyol Real Madrid LaLiga
En Cornellá fue el único ‘9’. Juega ya más veces como delantero que como extremo, dejando mejores datos que sensaciones.

ANÁLISIS


En el fútbol, es relativamente habitual ver cómo los jugadores van retrasando su posición en el campo con el tiempo. El propio deporte te cierra el reservado VIP del área rival, destinado sólo para los más talentosos, mientras te abre la sala para el resto de los ‘comunes’. La edad hace de los futbolistas unos profesionales más experimentados e inteligentes como para jugar en posiciones más conservadoras, y menos briosos como para desequilibrar los partidos en ataque. Son múltiples los casos conocidos, incluso dentro del propio Real Madrid: Fernando Hierro, Iván Helguera, el propio Achraf, etcétera. Lo inusual es el caso contrario. Esto es, jugadores defensivos que van escalando posiciones en el campo con el tiempo. Como Gareth Bale, un jugador que explotó como profundísimo lateral izquierdo en el Tottenham, y que sin embargo se desempeña hoy en día en Madrid como delantero centro. De hecho, ante el Espanyol este martes, el único ‘9’ de referencia que usó Zidane de inicio sobre el césped.

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Una posición para Bale que es susceptible de debate, pese a no ser tampoco estrictamente nueva para el ‘11’. En esa zona del campo se viene desempeñando con Gales, ya sea de delantero centro, de mediapunta, o simplemente de jugador total en ataque, al ser la gran referencia y esperanza del combinado del dragón. Y en esas posiciones intentó también Rafa Benítez que se moviese con el Real Madrid cuando aterrizó en 2015. Sin éxito, por cierto. Esta temporada Zidane está repitiendo experimento en el equipo blanco, llevado por la inercia del cambio de sistema que triunfó la pasada temporada: un 4-4-2 en rombo con Isco de mediapunta. Un cambio que fue consecuencia, irónicamente, de la prolongada ausencia por lesión de Gareth Bale, aprovechando también que Ronaldo cada vez tiene más apego al área que a la banda. Así las cosas, cuando el Real Madrid no forma con su clásico 4-3-3 y Zidane quiere poblar el mediocampo de jugadores, lo habitual es ver cómo tanto Cristiano y Bale ascienden en la escala para militar como delanteros centro. Concretamente, en este curso, 10 de los 17 partidos que el galés jugó como titular entre todas las competiciones, lo hizo en la línea de vanguardia.

Y si bien el ‘7’ está adaptándose bien al puesto, aprovechando su voracidad e intuición para el gol tan cerca del área, el concurso del galés deja bastantes más dudas. Y el debate se alimenta solo en apenas cuatro días: con Bale cuajando un gran partido ante el Alavés como extremo izquierdo puro en un 4-4-2 en línea (marcando un gol y forzando un penalti), y con Bale actuando de delantero centro ante el Espanyol en Cornellá. Donde -según datos de Opta- marró cinco ocasiones de gol francas dentro del área, no se generó ninguna ocasión por sí mismo, fue el que menos participó del juego (33 toques), sus compañeros no le encontraron con balones en largo pese a que le buscaron varias veces, y además se le veía muy incómodo cuando debía jugar de espaldas. Todo ello, sin ser siquiera ni el peor jugador del partido ni tampoco el peor de sus partidos. 

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Zidane le rodeó de ‘tocones’ que jugaran para el galés. Jugadores de toque y pase tanto por detrás como por los costados que pudieran surtirle de balones de gol: Asensio, Lucas, Isco, Kovacic…  para hacerle brillar después de sus buenas sensaciones ante el Alavés. Pero Bale no apareció, desubicado. Como un Fórmula 1 que tiene que correr por las estrechas calles de Mónaco, donde luce espectacular desde los balcones, pero que no puede desplegar todo el potencial de su motor sin espacio suficiente ni largos carriles por delante, obligado a serpentear a velocidades bajas. Así es. Un bólido con chasis de Fórmula 1 y prestaciones de Gran Turismo en el mejor de los casos.

Los datos, sea como fuere, soportan el debate del ‘ascenso’ de Gareth Bale a la delantera frente a las sensaciones que desprende. Quién sabe si simplemente por estar merodeando la zona donde se fabrican los goles, como el extraño que alcanza igualmente a saborear el caviar de la fiesta chic aunque se haya colado por la puerta de servicio. Pero el caso es que en los 10 partidos de titular (58% del total) que jugó como delantero, marcó cuatro goles (40%) y repartió cuatro asistencias (57%). Lo que supuso seis victorias para el Real Madrid (60%), y cinco puntos directos merced a sus goles y asistencias. Una media equilibrada y cimentada sobre todo en los seis partidos que jugó antes de su última cadena de lesiones. Porque, eso sí, desde que regresara en diciembre, sólo ha celebrado dos goles en cuatro partidos cuando ha jugado de inicio en la delantera. Y sin embargo, en ese mismo tiempo, en los cinco partidos cuando ha jugado de inicio como extremo ha logrado cuatro goles y una asistencia. El debate está abierto.