Nueva camiseta Barcelona 2019 2020FC Barcelona

Barcelona, valores vendo


EDITORIAL

¿De qué sirve presentarse al mundo como "més que un club" si luego el Barcelona actúa con la misma soberbia que el resto de la aristocracia futbolística europea? Ser más que un club significaba no jugar el 1 de octubre de 2017 tras las descargas policiales durante la celebración del referéndum de autodeterminación no autorizado por el Estado pero la junta se plegó a los deseos del vestuario, temeroso de perder puntos en caso de no saltar al terreno de juego en señal de protesta. Aquel día dimitieron dos directivos a causa de la desconexión del club con su gente, algo inaudito en el Barcelona, hoy más pendiente de gustar a todo el mundo que de gustarse a si mismo a partir de la coherencia histórica.

Porque ser más que un club, trascender lo deportivo para influir en lo social, implica acordarse de su historia y de su gente, a los socios nos referimos, que a fin de cuentas son los auténticos propietarios del Barcelona. Basta acudir a cualquier partido en el Camp Nou y parar el oído en el minuto 17 para constatar cuál es el sentir mayoritario del público que puebla las gradas del Camp Nou y que tres años después sigue reprochándole a la UEFA, pitada a su himno mediante, las sanciones por las proclamas independentistas de hace tres temporadas. 

El Camp Nou y el Barcelona tienen buena memoria. Es por ello que sorprende, no tanto por la novedad sino por cómo el club se ha plegado a los mecanismos ultraliberales sin importarle demasiado su historia y su leyenda, la famosa camiseta de cuadros. Es evidente que al fabricante le importa poco si gusta o no -en la medida que genere ventas, claro- pues lo importante es que se hable de ella, como rezan las normas del márketing más agresivo. Hubo un tiempo en que el Barcelona estaba en boca de todo el mundo por su juego. Hoy lo está por su camiseta. Que puede ser bonita, eso es algo irrelevante, pero que sin franjas verticales, uno de los elementos fundacionales del club allá en 1899, no luce como la camiseta del Barcelona. 

Lo más esperpéntico quizá sea otra cosa, de todas formas. El fabricante desarrolló esta camiseta presentada como un dechado de originalidad después de que Croacia se plantara en la final del Mundial. Y ahora la intentan colar asegurando que es un homenaje a las manzanas del Eixample, que ni siquiera son cuadradas sino octogonales. Habrá a quien le guste, como siempre. Pero cabe recordar que esto no es una camiseta cualquiera y que no está de más plantearse ciertos límites a la hora de vender los propios símbolos. Porque, como dice el periodista Antoni Bassas, "una cosa es vender camisetas y la otra es vender motos".

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