Morata no es una casualidad: sus hechos hablan por él

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Ruben Uría Blog

Muchos no creían, otros recelaban, otros preferían mirar al pasado antes que al presente y otros, aplicaron un LQDS de manual: “Lo que diga Simeone”. Llegó Álvaro Morata al Atlético de Madrid, dijo que no podía cambiar el pasado, que sabía qué era lo que tenía que hacer y meses después el chico ha hablado alto y claro donde deben hacerlo los jugadores: en el campo. Con rendimiento. A Morata se le pidió trabajo, solidaridad, agresividad y gol. Y entre tangibles e intangibles, le ha dado al equipo lo mejor que tiene. Como los marines, se ha adaptado, ha evolucionado y ha vencido. Su gran aval, aquello que es lo más difícil en el fútbol: cambiar los pitos por aplausos, los reproches por reconocimiento, el pasado por el presente, los malos augurios por los buenos presagios. Simeone apostó por él cuando otros eran reacios a su llegada: el resultado está ahí.

Al Cholo, al que le han discutido mucho su ojo clínico para los fichajes, le ha venido Morata como anillo al dedo. Y de hecho, no sólo no le ha fallado al grupo, sino que se lo ha ganado desde el primer momento. Con trabajo en cada entrenamiento, con empuje en cada partido y con goles, porque a un delantero centro se le mide en esa faceta: Morata ha convertido cinco goles en diez partidos (Villarreal, R. Sociedad en dos ocasiones, Girona y Celta), ha dado dos asistencias de gol y ha visto cómo el VAR le dejaba sin dos tantos que parecían legales, ante Real Madrid y Juventus. Eso, sin contar con el ardor guerrero que se le exigía, con su capacidad para bajar pelotazos, para fajarse con los centrales enemigos y para percutir al espacio, permitiendo a sus compañeros filtrarle pases al espacio, donde emerge como una tuneladora humana cuando recibe en campo abierto. Puede jugar con Costa para doblar el poder de intimdación en las filas enemigas. Puede jugar con Antoine para matar de contra. Y puede jugar en completa soledad, fijando a los centrales. Eso le da un valor añadido a su rol en el Atleti: es compatible con cualquier compañero y también capaz de bastarse y sobrarse para fabricarse las ocasiones por su cuenta y acabar brillando con luz propia. Eso vale un tesoro. 

Que Álvaro Morata ha caído de pie en Chololandia es indiscutible. Que todavía tiene margen de mejora y que cada día que pasa, es más relevante en el Atlético de Madrid, también. Tuvo que responder a un nivel de exigencia enorme, a un nivel de crítica feroz y a una oposición dura entre el núcleo duro de la hinchada, pero Morata está enviando un mensaje directo, corto y en vena: vino para sumar, está cumpliendo y tiene suficiente voracidad como para seguir creciendo en la línea que le marca su entrenador. Simeone siempre dice que, si se trabaja y se cree, se puede. Morata está trabajando y está creyendo, como nadie, en sí mismo. Lo suyo es cualquier cosa, menos una casualidad. Sabe, quiere y puede. Ha hecho lo más complicado que existe en el mundo del fútbol: cambiar los pitos por aplausos. Eso merece un respeto. Y lo ha logrado con una humildad y un saber estar digno de elogio: desde que llegó al Atleti, ha hablado con hechos y no con palabras. Se ha preguntado qué podía hacer por el Atleti y no qué debía hacer el Atleti por él. Y le va de maravilla. No es casualidad. 

Rubén Uría

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