El Atlético siempre será de Simeone... y también de Joao Felix

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El equipo rojiblanco, a pesar de los cambios, fue reconocible y atractivo. Además, ha sumado a un jugador especial para que todo suene mejor

La guerra entre el Getafe y el Atlético es una de las más desiguales del fútbol nacional. Como si Andorra le declarase la guerra a Alemania. No tanto por el tamaño de los equipos, que hay diferencia, como por lo que se va viendo año tras años. El Getafe encadena más de 24 horas seguidas sin marcar un gol contra los rojiblancos y un parcial de 31 goles en contra y cero a favor. 

Y en realidad tiene cierta lógica, porque el Getafe juega a lo mismo que el Atlético, pero con menos medios. Su táctica, normalmente, es ganar en intensidad, en pasión y en fuerza, pero claro, si algún día un equipo del Atlético pierde en eso probablemente se lleve una bronca monumental, de esas que si se cuelan en alguna televisión se repiten eternamente, casi como un 'sketch' de un programa de variedades. 

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Esta vez tampoco pasó, el Atlético venció, aunque el Getafe tuvo sus opciones de concluir la maldición con un remate casi al final de Djené que se fue al larguero. El partido tuvo cosas raras, un poco por las expulsiones del final de la primera mitad, que no dejan de ser una anomalía, también porque todavía es agosto, hace calor en Madrid y los equipos -todos- aún no se han dado cuenta del todo de que esto va en serio. 

Simeone, de vuelta, sigue siendo Simeone. Desconfía de los nuevos y daría la vida por los suyos. Metió a los laterales porque no tiene otra opción ya Joao Felix, porque clama al cielo, pero lo demás fue la misma estructura de siempre, a pesar de que el verano ha sido un tiempo de cambios drásticos en el Metropolitano. El carril central era claramente reconocible, con Thomas, Koke, Saúl, Savic, Giménez o Morata. Un equipo que sabe a lo que juega y es solidario y capaz, muy capaz. Porque el partido no fue un prodigio de fútbol, pero a estas alturas del año casi ninguno lo es. La clave estaba en plantarse en el campo y competir, y esa es una de las especialidades de la casa. 

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Simeone confía en los de siempre y, curiosamente, los más llamativos fueron los tres nuevos del once incial, cada uno por motivos dispares. El primero que se entonó fue Kieran Trippier, clave para la victoria al dar la asistencia del único gol del partido. Demostró en esa jugada, y en unas pocas más, todo lo que le ha hecho profesional del fútbol. No corre mucho, pero sabe cuándo subir y cómo plantarse. También tiene un guante en el pie para centrar, le puso la pelota en la cabeza a Morata que, con una buena reacción, dio la victoria al Atlético.

Los elogios de Trippier son opuestos a lo ocurrido con Lodi. Es posible que su expulsión fuese injusta, pero no deja de ser un poco absurdo que los nervios te empujen a dejar al equipo con diez. Antes de eso no había aparecido, aunque en el campo se le veía un poco perdido. Tiene alma de atacante y eso en el Atlético está bien, pero si se pasa habrá problemas. Porque un lateral tiene que ser profundo, pero antes de eso tiene que guardar las espaldas. En todo caso, tiene tiempo para redimirse y sabe que el puesto es suyo salvo que las cosas se pongan muy feas.

Por último, Joao Felix. Va a tener una carrera de éxito, nadie puede dudar eso. Es diferente a los demás, es un jugador brutal. Es verdad, no fue constante en su juego, no hizo un partido entero para que se cayese el estadio, pero con solo una jugada explicó todos los motivos por los que ha emocionado a una afición y ha pasado uno de los favoritos de los que ven el fútbol como un placer estético. Es robusto, es incisivo, es rápido y habilidoso. Es una figura mundial en el horno.

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