Atalanta
El antiCatenaccio de los goles y el espectáculo

Bérgamo es, por estos días, la tierra de los sueños. Y así lo será hasta el 12 de agosto, día en el que la ciudad se mudará (simbólicamente, claro) a Lisboa, para el que tal vez sea el partido más importante de la historia de Atalanta, o al menos el primero de ellos, en caso de lograr la que también sea la victoria más trascendente en casi 113 años. Y esta ilusión, las noches en vela de sus hinchas a la espera del duelo ante Paris Saint-Germain, se apoyan en una de las últimas revoluciones del fútbol moderno, la de un estilo ofensivo en el país que hizo del Catenaccio una cultura.
La temporada del ‘otro’ Neroazzurro puede explicarse de manera lineal a través de las estadísticas, de la diferencia de gol, del poderío de la armada colombiana que supo darle dolores de cabeza a Juventus y lo exigió para que gane por novena vez consecutiva la Serie A. La historia en la UEFA Champions League se avecina distinta. Pero este Atalanta no puede entenderse desde esos fríos números. Hay un nombre preponderante detrás: Gian Piero Gasperini.
Gasperson, como fuera bautizado en su inolvidable era en Genoa, al que llevó en tres años (entre 2006 y 2009) de la Serie B a ser quinto en la Serie A, admirado por Guardiola y calificado por Mourinho como uno de los tecnicos que más le costó doblegar, no cree en los sistemas basados en los números telefónicos. “La formación no importa, sino con cuántos hombres atacas o defiendes”. Y lo evidencia desafiando a Nereo Rocco o a Helenio Herrera al utilizar el líbero y dos stoppers al servicio de la ofensiva y no de la defensa. Porque el líbero no solo es quien le cuida las espaldas a todos, sino que es un ‘10’ que se ubica por delante del arquero para iniciar el juego; los stoppers son laterales reconvertidos; los carrileros se encargan de que los 90 metros de ancho del campo de juego sean utilizados, mientras el balón va desde afuera hacia el centro y viceversa; el vértigo descansa en el Papu Gómez, que a los 32 años es un vino añejado en óptimas condiciones, porque los colombianos son dos tanques que solo tienen el arco como horizonte.
Este sistema de triángulos repartidos por el césped, donde la pelota corre más que los propios jugadores, ocurre cuando tienen la posesión de la pelota; algo recurrente ya que su sistema defensivo es el de la presión y recuperación lo más lejos posible de la valla propia, para generar el error antes que esperar que ocurra y encontrarse en posición de ataque lo más cerca de la rival.
Todo esto nace, como no puede ser de otra manera, de los intensos entrenamientos. Porque para desarrollar el juego más cercano a su idea, necesita interpretes físicamente impecables y con un conocimiento minucioso de cada movimiento que deben realizar y dónde estará cada uno de sus compañeros. “El entrenamiento te convierte en un campeón”, sostiene el entrenador que no tuvo el tiempo necesario para desarrollar su filosofía en Inter, al que arribó en junio del 2011 y fue despedido apenas dos meses después, tras un saldo de cuatro derrotas y un empate en cinco partidos.
A muy grosso modo, es así que se explica que haya quedado en la puerta de convertir 100 goles en la última temporada de la Serie A, debiendo conformarse con 'apenas' 98, 22 más que el campeón Juventus y 17 más que Inter, el segundo en la tabla si es ordenada por goles a favor. Pero, de nuevo, no solo son los números los que deben hablar por este Atalanta que no quiere despertar.
Atalanta Bergamasca Calcio fue fundado el 17 de octubre de 1907 y, desde esa fecha, apenas registra un título: la Coppa Italia 1962-63, más allá de otros seis títulos en la Serie B. De hecho, con un total de 59 participaciones en la Serie A, es el equipo que más temporadas jugó en la máxima categoría italiana sin ganar el Scudetto. Y fue de la mano de Gasperini que, tanto en la campaña 2018-19, como en la recientemente finalizada, consiguió los mejores registros en más de un siglo al quedar en el tercer puesto en ambas ocasiones. Superando de esa manera lo ocurrido en la 2016-17, en la que finalizó cuarto, también con el actual DT. Pero la historia a nivel internacional lo encuentra a un impensado nivel, tras haber registrado solamente una semifinal de la Recopa Europea 1987-88 y los cuartos de final de la Copa UEFA 1990-91.
Gracias al 3° lugar obtenido en la 2018-19 se clasificó por primera vez a la Champions. El sorteo, que lo encontraba en el cuarto y último bombo, le deparó el Grupo C ante Manchester City, Shakhtar Donetsk y Dinamo Zagreb. Un 0-4 en Croacia, 1-2 ante los ucranianos en el San Siro y el 1-5 en Manchester parecían sentenciar la suerte en su primera experiencia en el máximo certamen. Pero todo empezó a cambiar cuando le empató al equipo de Guardiola, superó 2-0 a los croatas y, en el encuentro decisivo, se despachó con un contundente 3-0 en Járkov para lograr el pase a octavos de final con apenas 7 puntos. En la nueva redistribución entre los mejores 16, tuvo la fortuna de quedar emparejado ante un equipo en baja como Valencia, al que le convirtió ocho goles en 180 minutos, al vencerlo 4-1 en Milán y 4-3 en Mestalla. Y la suspensión por la pandemia, que incluso dejó cuatro series pendientes, lo tiene a la espera del poderoso PSG, multimillonario y permanentemente frustrado a nivel internacional.
Mencionar al club parisino y su poderío económico obliga a una comparación no tan odiosa esta vez. De acuerdo al sitio especializado Transfermarkt, el plantel de Atalanta tiene un valor de mercado de 261.7 millones de euros; el multicampeón francés, por su parte, cuesta el triple: 788.4 millones. De hecho, solo Kylian Mbappé y Neymar juntos cuestan 308 millones. O por qué no marcar que Duván Zapata, el más caro de los bergamascos con sus 36 millones, sería recién el sexto más costoso de PSG, mientras que Remo Freuler, cuyo valor es de 20 millones, cuesta lo mismo que Leandro Paredes, el número 13 en la lista parisina.
El atacante colombiano, oriundo de Cali y de paso por Estudiantes de La Plata, dio el salto a Europa en 2013 para jugar en Napoli, luego pasó por Udinese, Sampdoria y en 2018 arribó a Bérgamo, primero a préstamo por 18 meses y, tras convertir 36 goles en 57 encuentros, hizo efectiva la opción de compra de 12 millones de euros, que sumados a los 14 millones del monto de la cesión, redondean 26 millones que suenan a una ganga, de acuerdo a los números que se manejan para una venta cada vez más probable.
A su lado, Luis Muriel, el otro goleador de la última campaña, con 18 en la Serie A, aunque envueltos en una gran curiosidad: siete fueron convertidos en los apenas 10 partidos jugados como titular, mientras que los restantes 11 los marcó ingresando desde el banco de suplentes, lo que arroja un promedio de uno cada 70 minutos de juego. Así, la pareja cafetera consiguió un nuevo récord, al ser la dupla que más veces festejó en una misma temporada de Serie A con 36 tantos combinados.
Y así, se debe hablar de una verdadera legión extranjera: todos y cada uno de los 98 tantos fueron metidos por futbolistas que no nacieron en suelo italiano, aunque no deja de ser algo lógico porque solamente el arquero Pirluigi Gollini lo hizo entre los habituales titulares. Argentina, Albania, Alemania, Croacia, Brasil, Holanda, Colombia, Suiza, Bélgica, Eslovenia y Ucrania están representados en la formación utilizada por Gasperini.
Pero ningún análisis de la Diosa está completo sin el nombre de Alejandro Darío Gómez, por todos conocido como el Papu, el cerebro y el corazón del equipo, con una temporada que lo puso como el mejor mediocampista de la Serie A. Números, nuevamente números, fríos y contundentes a la vez. Según un informe de Opta, el argentino fue el líder en asistencias de todo el torneo con 16, el mayor registro desde la temporada 2004-05.
Además, sumó siete goles para redondear la participación en 23 conquistas, el sexto mejor de la 2019-20 y apenas tres menos que en su mejor campaña, la 2016-17, en la que alcanzó los 26, con 16 goles y 10 asistencias. Como si fuera poco, fue segundo en la tabla general del Calcio en ocasiones creadas (102) y pases completos en el último tercio de la cancha (654).



Y todo, o mucho al menos, se lo debe a la variante que le introdujo a su juego gracias a Gasperini. En el Podcast LDH, que comparte con Martín Reich, narró una clave en su juego: “Hace dos años cambié la posición, se fue el enganche y Gasperini me dijo que no había nadie en esa posición. Nosotros jugamos 3-4-1-2 o 3-4-3 y me necesitaba ahí, pero me dijo que me tenía que sacrificar, que tenía que seguir al 5. Ahí empecé a jugar y evolucioné un montón”.
Como muestra de la forma de ser del DT, detalló una anécdota que lo pinta de cuerpo entero: “Una vez me preguntó quién es el mejor posicionado en la cancha y uno piensa en el 5, el 2, pero él me corrigió: ‘el árbitro’. Me mostró unas imágenes y tiene razón, es el único del campo que está siempre solo y apartado del caos, porque necesita una visión 360 de lo que pasa. Me dijo que me ponga cerca del árbitro y voy a recibir siempre solo”.
Lógicamente, estas cuestiones lo llevaron a la comparación con Marcelo Bielsa. Y fue en el mencionado podcast, aunque en este caso cuando habló nada menos que con Vicente Del Bosque, que tuvo la posibilidad de emparejarlos, luego de deshacerse en elogios hacia el actual entrenador de Leeds: “En Atalanta hacemos algo parecido a lo que hace Bielsa, con intensidad, pressing, apretando bien arriba, un fútbol bien directo, con línea de 3. Sé y muchas veces Gasperini ha dicho que lo valora muchísimo y es una de las personas que más aprecia y lo ha imitado”.
Lisboa espera por el desembarco de la ilusión bergamasca, que sueña con dar un golpe histórico ante el multicampeón de Francia. Y lo que más claro queda es que Gasperini no especulará ni un instante y buscará darle un título a una revolución que, hasta ahora, no lo necesitó.

