Rayo Vallecano – Real Madrid (1-0): De pena máxima
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Un despreocupado equipo de Zidane da aire a Vallecas, que cree en el milagro de la permanencia tras el penalti transformado por Embarba.

Hace el barrio de Vallecas las cuentas necesarias para agarrarse con todas las fuerzas posibles a la Primera División. Con 20 derrotas cosechadas en apenas 35 jornadas ligueras a lo largo de este curso, el Rayo Vallecano está viendo comprometida su continuidad en la élite del fútbol español. Tiene todos los elementos posibles en su contra pero, pese a todo, aún resiste con vida, empeñado en retar a los principios más lógicos que le señalan el camino en línea recta hacia los infiernos. La empresa de mantenerse no es nada fácil pero su reciente victoria contra el Real Madrid (1-0) le da motivos para pelearlo hasta el último segundo.

Canta el fondo de la grada más popular del barrio que Vallecas nunca se rinde. El triunfo del Girona contra el Sevilla obligaba a los de Paco Jémez a salir con el cuchillo entre los dientes ante un Real Madrid que, sin Benzema por una lesión muscular, está pidiendo desesperadamente la hora para que termine cuanto antes LaLiga. Ejerciendo una presión alta y achicando los pocos espacios que hay en un estadio como el de Vallecas, los franjirrojos ahogaron por completo a un Real Madrid desdibujado, de ritmo trotón y pesado, que tuvo en Luka Modric a toda una máquina de perder balones. Nunca se sintió dominador y la ausencia de orden le restó la oportunidad de equilibrar una balanza que en todo momento se esforzó el Rayo en decantar hacia su favor.

Porque la entidad vallecana perseveró por adjudicarse los tres puntos. Conducidos por un talentoso José Ángel Pozo, el Real Madrid no supo poner freno a su rival. Sorprendentemente, no echó en falta a Raúl de Tomás gracias a la verticalidad que aportaron Bebé y Embarba por los costados, con el mencionado Pozo rompiendo líneas por dentro. Así se gestó el primer gol local, aunque el 1-0 pudo ser un 0-1 de no ser por la instaurada tecnología. González Fuertes dejó correr el juego mientras Javi Guerra pedía airadamente un agarrón de Vallejo dentro del área y, mientras, el Real Madrid dio continuidad a una jugada que finalizó Gareth Bale con un disparo contra el cuerpo de Alberto García. El trencilla revisó el VAR y se decantó por señalar la pena máxima en contra de los merengues, convertida por Embarba desde los once metros.

Apático y con cierta indolencia, el Real Madrid se mostró indiferente ante la derrota. Hizo sus méritos el Rayo Vallecano pero delante tenía a un rival escéptico, al que se le están atragantando peligrosamente las últimas jornadas ligueras. Ante la manifiesta falta de interés por competir, a Zidane le pareció más que suficiente la hora de juego que regaló a un gris Ceballos, del que prescindió para tirar del recurso de la frescura que aporta un atrevido Brahim. Salió también Isco para intentar sin éxito desencallar un barco que lleva ya semanas a la deriva, que enlaza una sola victoria en las últimas cuatro fechas, quedándose sin marcar en los dos últimos partidos por primera vez en toda la trayectoria de 'Zizou' como entrenador.

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