Alavés 0–2 Barcelona: Ya se vislumbra la pancarta de meta
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El equipo de Ernesto Valverde cumple con sus deberes en Mendizorroza y podría cantar el alirón definitivo si mañana pierde el Atlético de Madrid.

Comanda el Barça el campeonato doméstico con cierto puño de hierro, ingobernable para todo el resto de los equipos que participan. En la campaña donde más esfuerzos se han depositado en cuidar los detalles que faciliten levantar la ansiada Champions League, un título que se resiste desde hace casi ya un lustro, los azulgranas se pasean con suma autoridad por LaLiga. Con la victoria en Mendizorroza ante un Alavés (0-2) que se ha diluido como un azucarillo en el último mes, la tropa de Ernesto Valverde acaricia con mimo su vigésimo sexto Campeonato Nacional de Liga, uno que se puede materializar matemáticamente esta misma semana si el Atlético de Madrid no logra sumar mañana contra el Valencia en el Estadio Metropolitano.

A expensas de que ese resultado se produzca, la consecución de LaLiga pende únicamente de un hilo muy fino. La emoción del campeonato pasa ya por otras batallas, las de conocer quién será el que finalmente adquiera la cuarta plaza que da acceso a la Liga de Campeones o el equipo que acompañe con casi total seguridad a Rayo Vallecano y a Huesca en el descenso a los infiernos. Si la célebre rúa no sale por las calles de Barcelona esta misma semana, lo hará a no más tardar en la siguiente. Ya lo dijo Valverde en la previa: "Convertir un título en algo previsible es una gran victoria". Cantar el alirón definitivo no hace más que confirmar que la hegemonía culé en el campeonato español es toda una realidad. 

No quería Abelardo, que cuenta sus últimos días en Vitoria después de que el máximo accionista del Deportivo Alavés -- Josean Querejeta -- revelase en las últimas horas su adiós a final de temporada, que los blaugranas llegasen a Mendizorroza a pasear su condición de vigente campeón. Lo cierto es que este conjunto no necesita hacerlo para llevarse el botín de los tres puntos. Ganar se ha convertido en algo casi rutinario y en Can Barça ya no importan tanto las formas. Sin Leo Messi sobre el campo, al que Valverde concedió descanso para combates más sustanciales, los culés pusieron en práctica un fútbol dominante con el que encerraron al conjunto blanquiazul en su mitad de campo.

Pese a la superioridad exhibida, promediando más de un 80% de posesión, al Barça le faltó profundidad y verticalidad en el último pase para derribar antes el muro que levantó Abelardo Fernández. Abusó de la entrega en horizontal y, aunque Luis Suárez rozó el gol en un par de ocasiones con un par de disparos que tapó Fernando Pacheco, el  ritmo de juego que propuso terminó por ser narcotizante. En esas se despertó el cuadro blanquiazul, que llevó a balón parado el escaso peligro que le dio a Marc André Ter Stegen durante toda la noche.

ALEÑÁ SEÑALA EL CAMINO

El segundo acto supuso una revolución en el guion inicial, con el Deportivo Alavés descubriendo que llegar a campo contrario era una posibilidad real.  Ese atrevimiento lo acabó pagando el cuadro de Abelardo, que en cuanto concedió metros fue castigado por el Barça. En apenas cinco minutos, los visitantes sentenciaron el partido con dos llegadas. La primera la finalizó Aleñá embocando a gol una larga jugada donde la velocidad en el pase resultó clave. Posteriormente, lo que fue un gol anulado a Umtiti por fuera de juego derivó en la revisión de Cordero Vega en el monitor del VAR, apreciando unas manos dentro del área de Tomás Pina. Luis Suárez, desde los once metros, firmó el 0-2 con un disparo ajustado que tocó ligeramente Pacheco sin llegar a evitarlo.

Con el partido visto ya para la sentencia, Valverde quiso dar unos pocos minutos a Leo Messi y a Jordi Alba, que partieron el encuentro desde el banquillo. El argentino dejó destellos de su magia con una cabalgada en la que sentó a Brasanac para concluir con un zurdazo que se estrelló contra la madera. Capituló finalmente Alavés, con la grada en el más absoluto silencio y sin opción de rebelarse contra lo soga que aprieta un presente que mancha el trabajo que ha desarrollado durante toda la temporada.

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