Un equipo que entendió lo que era jugar al lado de Maradona

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BONGARTS Getty Images
El partido de Bulgaria, por el cierre del Grupo B, terminó de confirmar que el conjunto de Bilardo siempre supo lo que era tener al 10 como compañero.

El Checho Batista era tan buen jugador de fútbol porque entendía como nadie las capacidades que tenía. Él se veía como ni el periodista o entrenador más especialista podía evaluar. Sabía todo lo que tenía que hacer: recibir, levantar la cabeza y tocar. Dentro de esas tres acciones, hay muchas variantes.

Cuando recibía sin marca, lo podía hacer con la derecha, su pierna hábil, con la planta del pie o el borde externo. Podía acomodar la pelota una o dos veces. Pero, cuando lo presionaban, entendía que los movimientos debían afinarse. Paraba y ya se posicionaba para continuar la acción (casi nunca jugaba de primera). Lo mismo para lo de levantar la cabeza. Si tenía una marca cerca, ni pispeaba alrededor. Si la agarraba entre los centrales, se ponía a observar el panorama como si estuviera en una playa paradisíaca, con todo el tiempo del mundo. La parte de "tocar" parecía ser la más sencilla para el volante central de la Selección argentina de 1986. El primer pase casi siempre era Maradona. No importaba si parecía exigido o debía recibir de espaldas, sabía que él siempre se las arreglaba.

[Parte I: El plan perfecto para la estrella más grande]

 [Parte II: Para ser el mejor de todos, Maradona jugó en la posición Maradona] 

Maradona no jugó un Mundial perfecto. De hecho, algunos de los números que Opta revela de su actuación en México dejan en claro que su rendimiento estuvo lejos de ser una obra maestra. Ante Bulgaria, el 10 de junio, en el cierre del Grupo B, en el Estadio Olímpico, de Ciudad de México, el capitán de la Selección perdió 26 veces la posesión de la pelota, un número muy alto comparado con los 17 de Claudio Borghi, el segundo argentino con más pérdidas. Tampoco estuvo demasiado preciso con los pases: dio 10 bolas mal, el número más alto del conjunto de Carlos Bilardo.

Pero Batista insistía. Burruchaga mucho más. A Valdano no había que aclararle nada. Lo importante no era cuántas pelotas perdía Maradona, ni si llegaba a dar algún pase equivocado. Lo clave, lo fundamental, era que nunca se dispersara del juego, que se sintiera el corazón del encuentro, el alma del equipo. Entonces, cada vez que podían, se la daban. Y el 10, sí, erraba alguna que otra vez. Pero, cuando acertaba, todo era maravilloso.

El diagnóstico era muy fácil de hacer. Mientras más tiempo tuviera Maradona la pelota, mejor le iba a ir al equipo.

Ante Bulgaria, encuentro con el que la Selección argentina se quedó con el primer puesto del Grupo B después de ganar 2 a 0, Maradona regaló algunas secuencias imposibles de igualar. En el primer tiempo armó una jugada tan grande como la que iba a venir unos días después, contra Inglaterra. En el partido ante los búlgaros, el remate se fue algo desviado. En el complemento, construyó otra acción gloriosa, mezcla de potencia física y talento, que derivó en un centro perfecto a la cabeza de Burruchaga para estirar el 1 a 0 y empezar a liquidar la historia.

Contra Bulgaria, Bilardo termina de sentar las bases. El DT argentino abandona definitivamente la línea de cuatro y pasa a defender con tres (los intocables Ruggeri, Brown y Cuciuffo). ¿El objetivo? Sumar más gente en la mitad de la cancha, darle oxígeno a los de arriba. En este partido, el equipo empieza a dar una idea de lo que sería: Bulgaria no tenía ni idea cómo lastimar a la Selección argentina. Batista se metía cerca de los centrales y Giusti salía un poco más. Los otros mediocampistas se cerraban, pero no descuidaban los costados. Era un equipo muy difícil de entrarle.

Bulgaria no tenía ninguna posibilidad: le faltaban demasiados recursos como para lastimar a Argentina.

En una entrevista con Goal, Gerardo Martino, actual entrenador de la Selección argentina, confesó que la cuestión de cuándo darle la pelota a Messi todavía trae algunos conflictos: "El problema es que a veces hay exceso. Es tanto lo que abruma la necesidad de darle la pelota a él que, a lo mejor, hay compañeros con mejores posibilidades y no la reciben porque se termina dándole la pelota a él porque, claro, es mucha tentación darle la pelota a él. Yo pienso que nosotros tenemos una elaboración de juego tan grande como para que él decida, no para que resuelva todo". 

La matriz de pase del partido ante Bulgaria muestra, según el grosor de las líneas, la asociación entre futbolistas

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Burruchaga, una rueda de auxilio, claro para el ataque, vivo para la defensa, completo como pocos, fue el que lo entendió todo: en el Mundial 86, fue el jugador que más pases le dio a Maradona, con 61, el número más alto de conexiones entre argentinos. El podio lo completan Valdano, con 51, y Giusti, con 42. Un poco más atrás figura Batista, con 39.

Pero en el equipo de Bilardo nadie dudaba: todos reconocían lo bueno y malo para el equipo. Maradona era ni más ni menos que la fórmula de la gloria.

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