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Atlético Madrid Brujas 12102022 Champions Getty

Somos nosotros

El presunto divorcio entre Joao Félix y Simeone es el problema 435 del Atleti. Por más que el ruido mediático insista y por más que los buitres se estén dando un festín oliendo la carroña a kilómetros, ese desencuentro es una ola en el mar de problemas del equipo. Carnaza. Los falsos profetas, que salivan con el enésimo apocalipsis rojiblanco, darán a elegir al personal entre matar a Joao, matar al Cholo o en su defecto, matar a los dos. Ganan ellos, pierde el Atleti. El asunto es sencillo. Si Simeone no sabe sacar provecho del portugués, culpa suya. Su trabajo consiste en sacar lo mejor de sus jugadores. Y si después de cuatro años, Joao no asume que el equipo está por encima de su ego, culpa suya. Si es una guerra de egos, que se digan unas cuantas verdades a la cara y que arreglen lo que tengan que arreglar, para bien o para mal, porque con esto no gana nadie. Solo pierde el Atleti. 

Antes de este asunto, bien haría el Atleti en solucionar sus 434 problemas más urgentes. El primero de todos, el número uno, volver a ser lo que era. El equipo lleva tanto tiempo bloqueado, vulgarizado y paralizado, que se ha olvidado de aquello que le llevó a formar parte de la élite. Atrapado en guerras intestinas sin sentido, embolicado en una realidad de la que no sabe salir y en una crisis que se alarga en el tiempo, el Atleti sigue sin ser capaz de hacer lo que su afición le reclama. Volver a sus orígenes. Darlo todo, entregarse sin reservas y competir como si no hubiera mañana. Todos los días, no algunos. Siempre. No a veces.

Hace meses que el Atleti se ha cansado de ser el Atleti. Hace tiempo que las palabras sobran y faltan los hechos. El equipo necesita una catársis, un punto de inflexión, un ‘electro-shock’. Es el momento de que la directiva, el entrenador y los jugadores hagan lo que sus hinchas se merecen: ponerse en fila de a uno, unirse de una vez por todas y volver a ser el Atlético de Madrid, remando en una misma dirección. Todos juntos, porque la fuerza siempre está en la manada. El tiempo se agota. Y la paciencia, también, porque hasta la de los atléticos tiene un límite. Hay quien sostiene que el ciclo está agotado y que el personal se niega a reconocerlo. En todo caso, el remedio a los males coincide con la solución del 'caso' Simeone-Joao. Que se encierren todos en el vestuario, que se digan las verdades a la cara y que arreglen lo que tengan que arreglar, para bien o para mal, porque con la inacción solo pierde el Atleti. A estas alturas, da igual si uno es gilista o antigilista, cholista o anticholista, torrista o antitorrista, porque por encima de cualquier voluntad, ego o interés, por encima de cualquier entrenador, jugador o directivo, está el Atleti. Y el que no lo entienda, sobra. Se llame como se llame.

El Atleti es un escudo, un sentimiento y una pasión inexplicable. Es su gente. La que llena el estadio, la que anima, la que va al trabajo con la camiseta después de cada bajón y la que se levanta después de cada paliza, incluso cuando no tiene ganas de hacerlo. Nunca falla y se merece algo bastante mejor de lo que le están dando. "Somos nosotros, Atleti, somos nosotros".

Rubén Uría

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