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Rubén Uría: "Messi no se puede explicar"

19:54 CET 23/2/19
MESSI DEMBELE SEVILLA BARCELONA LALIGA

Hace años escribí que Picasso es la pintura, Mozart la música y Messi es el fútbol. Otra vez, que Messi es una máquina de proporcionar felicidad. Luego, que era el mejor jugador de fútbol que haya visto jamás. Y después, que Messi es el fútbol y el fútbol es Messi. No sirve de nada. En realidad, da igual lo que cualquiera pueda escribir sobre Messi. No tiene sentido intentar definirle, explicarle o comprenderle, porque es un fenómeno en sí mismo, algo que escapa a toda racionalidad, porque su talento es la vida expresión del genio, elevado a su enésima potencia. Segurola decía que es Maradona todos los días. Martí Perarnau decía que agota los adjetivos. Y el maestro Hernán Casciari decía que Messi es un perro.

En realidad, este chico es un bien del deporte, un patrimonio de todos los que aman el fútbol, una bandera eterna que siempre perdurará en la memoria, un regalo para la vista y un milagro para los que mendigan cinco minutos de buen fútbol. Messi es una colección de las mejores jugadas que jamás se hayan soñado con idéntico ejecutor, es una obra maestra sin fin, es una marca registrada, es la excelencia hecha rutina, es el adulto que nos hace regresar de manera continua a nuestra infancia y alguien único, que no admite comparación con nadie, tanto del pasado, como del presente y quién sabe si del futuro, porque es el único jugador capaz de poner en duda que ningún futbolista es tan bueno como todo un equipo. Hemos perdido años intentado explicar a Messi, pero su día a día nos marca otra realidad: a Messi no se le puede explicar, porque sólo se le puede disfrutar. 
 
Capaz de hacer la fácil, la difícil y la imposible, de ser Houdini entre un bosque de piernas enemigas, de ser dueño del juego, de conseguir que la pelota forme parte de su anatomía, de lograr que el balón sea la extensión de su zurda y la evidencia de que su inteligencia es superlativa, porque es capaz de ver lo que otros no ven, antes siquiera de que hayan soñado con hacerlo, intentarlo o lograrlo. Messi es el puto amo. Es Messi que un club. Es el Fútbol Club Messilona. Y  es el el azote de forofos sin seso, de oportunistas que se esconden en el anonimato de las redes sociales, de Torquemadas de plató y de esos tontos útiles que niegan sus proezas por sistema, confundiendo la profesión de periodista con la de publicista, gratuito o subvencionado.

Messi es más que una pegatina en el hombro, más que un récord, más que mil goles, más que cualquier Champions, que cualquier Mundial, que cualquier Balón de Oro y que cualquier premio habido y por haber, porque Messi, en sí mismo, es el mejor premio, distinción y ejemplo que puede tener cualquier aficionado al que le guste más el fútbol que su equipo. Messi es más que Maradona, que Pelé, que Cruyff, que Beckenbauer, que Platini, que Van Basten, que Cristiano, que Puskas, que Kubala, que Zidane, que Ronaldinho y que Romario. Nadie jugó tan bien y durante tanto tiempo y nadie tuvo un poder de intimidación directamente proporcional a su genialidad. Messi más que un simple jugador y mucho más que la bandera de un equipo. Eso se le queda muy pequeño. Messi es un fenómeno único y por lo tanto, inexplicable, una marca registrada inimitable, un icono universal. Messi no es sólo del Barça. Es de todos, porque Messi es el futbol.

Rubén Uría