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¿Por qué el Barcelona regresó tan cabreado de Praga?

12:34 CEST 24/10/19
Lionel Messi Ernesto Valverde Slavia Praga Barcelona UCL 23102019
La sensación de fragilidad y la falta de autoridad pesaron más que la victoria a domicilio del Slavia.


EDITORIAL

Al final del partido en el Sinobo Stadium no estaba muy claro quién había ganado. La afición local celebraba con los jugadores del Slavia de Praga mientras el Barcelona se marchaba cabizbajo al vestuario. Leo Messi no saludó a nadie, ni siquiera a los jugadores del equipo rival.

El Barcelona había ganado, se acababa de poner líder del Grupo F de la Champions League solo cuatro días después de haberlo hecho en la Liga y encadenaba su sexta victoria consecutiva esta temporada. Sin embargo, la sensación de que el partido se les pudo haber ido a los jugadores del Barcelona era grande.

Si el grupo de la muerte recibe este nombre es, en buena medida, por un Barcelona que está dejando mucho que desear. Ante el Slavia de Praga marcó primero sin prácticamente esfuerzo tras una genialidad de Messi pero acabó concediendo casi el doble de remates (24) de los que consiguió crear (13), sin olvidar que el gol de la victoria fue obra de Peter Olayinka. Solo otro recital de Marc-André Ter Stegen evitó el desastre.

"Hay que mejorar" admitía el alemán en los medios con derechos para matizar que "prefiero hablarlo en privado" con sus compañeros y no frente a los micrófonos. Alguno de sus compañeros también atendió a los medios con derechos pero en la zona mixta, donde esperan las radios, no compareció ninguno de los protagonistas del Barcelona. Antes, los empleados de prensa del club habían tenido que ir a buscar a Sergio Busquets, que había sido sustituido, para que atendiera a la televisión ya que ninguno de los once que acabaron el partido tenía cuerpo para hacerlo.

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Desde el club argumentaron que "el vestuario está muy caliente" para explicar la falta de explicaciones públicas. Mientras, Ernesto Valverde retrasaba su comparecencia mucho más tiempo de lo habitual en un desplazamiento para intentar desdramatizar recordando que "a veces hay que sufrir". Ni duda cabe de ello. Sucede que el barcelonismo hace mucho tiempo que no disfruta. Y, por lo visto en Praga, tampoco los jugadores.