Opinión Rubén Uría: Cazorla, retroceder nunca; rendirse jamás

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Ruben Uría Blog

El médico le dijo que si volvía a caminar por el jardín con su hijo, que se diera con un canto en los dientes. Santi Cazorla había sufrido ocho operaciones en su tobillo, estaba al borde de la retirada y estaba pasando un infierno. Le habían descubierto unas bacterias que provocaban una infección que le destrozaba el hueso calcáneo y le habían devorado ocho centímetros del tendón de Aquiles. Cuando en noviembre de 2017 recibió a mi compañera, la fabulosa reportera Lorena González y esa charla se transformó en una emotiva portada de “Marca”, su caso provocó una sacudida en el fútbol español. Santi lo afrontó con entereza, no se rindió, peleó, sacó fuerzas de flaqueza y ganó un partido que muchos no habrían querido ni jugar. Primero comenzó poniéndose en pie, luego comenzó a andar, después a caminar, más tarde a correr y finalmente, a tocar balón. Después fichó por el Villarreal, con el ánimo de demostrar que sí, que aún podía.

En el primer partido del curso futbolístico de 2019, Santi se ató las botas, se echó el equipo a la espalda y fusionado con un proyecto de crack como es Samu Chukwueze – qué jugador puede haber ahí, amigos-, vio la luz después del túnel, demostró su gran fortaleza y fue el héroe groguet de la noche ante el Real Madrid. Nada más acabar el choque, mi compañero Filipo Ricci comentó que no hay futbolista que mereciera más que él una noche así: en Cazorla se adivinan poderes y actitudes que marcan una trayectoria viral: lucha, sufrimiento, resistencia, fuerza moral y coraje.

Su historia de superación personal se escribe con palabras que invitan a reflexionar a la opinión pública. Las cosas más importantes de esta vida no se compran con dinero. Y Santi, que durante estos meses de calvario jamás tiró la toalla incluso cuando tenía ganas de hacerlo, ofreció al espectador un master-class de fútbol, que vale más que cualquier título, justo porque le tocó escalar la cima del Himalaya sin oxígeno, a pleno pulmón, frente a la adversidad. Cazorla, que apenas llega al metro sesenta y cinco, es un gigante. Su estatura moral está en las nubes. Volvió para disfrutar del fútbol, para liderar al Villarreal y demostrar que quien tuvo, retuvo. Santi Cazorla nos ha dado una lección de vida: Retroceder nunca, rendirse jamás.

Rubén Uría

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