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Opinión: Neymar es un futbolista legendario (aunque nos j...)

14:30 CEST 9/4/21
Mbappé y Neymar, PSG

Neymar me cae mal. Como a tantísima gente. Ese aura adolescente, inmadura, de la que nunca termina de desprenderse hace que sea difícil tenerle estima. Al filo de los treinta, se sigue comportando como un cantante de ‘boyband’: peinados horteras, ropa extravagante y beefs absurdos en redes sociales. Los códigos de la Súper Pop llevados al mundo del fútbol. Pero qué más da lo que yo piense de él: no me queda otro remedio que aceptar que es un jugador extraordinario.

Porque el gran drama que acompaña a Ney es que pasan los años y tiene al público más pendiente de sus tatuajes que de sus filigranas. Casi nunca se habla de fútbol con él porque siempre aparece un inoportuno Maluma, hijo de su tiempo, para alejarle del balón y arrastrarle al show business. Y se va eclipsando una carrera que, si no ocurre nada extraño, terminará dejando pálidas las cifras (que no el palmarés) de Pelé.

Bajo la épica de la nieve de Múnich, Neymar volvió a demostrar que es un talento de época. Cuando todos miran a Mbappé y Haaland, él se encarga de recordarnos que es quizá el mortal que más se acerca a los divinos Messi y Cristiano. Duele ver cómo su leyenda mengua en Francia, donde no le apuntan los focos semanales que su fútbol merecería y donde nadie da mérito a sus cantares de gesta.

Ya no es el regateador compulsivo de antaño, sino más bien un agitador que mejora casi todo lo que pasa por él en el cauce ofensivo. Su fútbol fluye y él, como Rey Midas del PSG, toca balones de hojalata que luego llegan a Mbappé convertidos en oro.   

Se sigue tirando, claro. Y continúa fingiendo. Pero porque es quizá el delantero que más patadas propias del fútbol ochentero recibe en nuestros días. No nos quedemos con esa imagen de trilero; admiremos que Neymar es un jugador generacional, que terminó subiendo hasta las nubes todo aquel hype primario que inflamos con el Robinho de Cádiz.

Disfrutemos de lo que queda del Ney feliz jugando a la pelota, antes de que su próxima publicación en Instagram nos vuelva a torcer el gesto.