Permitan que tome prestado al maestro Antonio Martín en este Martes de Carnaval el nombre de una de sus comparsas más célebres para elogiar el paso adelante que ha dado el Sevilla Fútbol Club para pronunciarse sobre el "Caso Negreira". A la hora en la que esto se escribe sólo el Sevilla y el Espanyol se han manifestado para pedir que se depuren responsabilidades sobre el caso más escandaloso que se recuerda en el fútbol español.
Son ya hechos probados que el propio Barcelona ha admitido que pagó durante años al antiguo vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, José María Enríquez Negreira. Sea cual sea el objetivo de dichos pagos, algo que me resulta ya casi irrelevante, recurro a una frase tan infantil como ilustradora: eso no se hace.
Después de días y horas de silencio, el Sevilla enarboló la bandera del sentido común sin estridencias pero con firmeza. Sin señalar sin pruebas a los implicados y preservando la presunción de inocencia pero instando a las autoridades y especialmente a LaLiga y la Real Federación Española de Fútbol a que ayuden a que se llegue al fondo de la cuestión. Ignoro si ha sido el miedo o la prudencia la que ha invitado tanto a los clubes como a los dirigentes a reaccionar con cierta tibieza a la cantidad de escándalos que han empezado a salir de debajo de las alfombras.
Sin embargo, ante unos hechos de tal calibre se hace más necesario que nunca que tanto la RFEF, como LaLiga y los clubes caminen de la mano para que el caso se esclarezca. Entiendo el miedo que puede generar ir contra una multinacional tan potente como el Barça y significarse contra un club que hace que la rueda que es la industria del fútbol siga girando y generando muchos millones que llenan muchas cuentas corrientes y muchas neveras, incluida la mía. Sin embargo, ponerse de perfil ante un caso como este será la herida definitiva para el deporte que tanto amamos y el mercado que a muchos nos da de comer.
Hay indicios más que elocuentes para que los aficionados, que no son ni más ni menos que en términos mercantiles los clientes que hacen que esta rueda gire, sientan que les han podido tomar el pelo. Pagar al número 2 del CTA fuera con el objetivo que fuera no es algo ante lo que ninguno pueda ponerse de perfil. A los actores que ahora deben depurar responsabilidades se les debe pedir la misma prudencia y valentía que el Sevilla ha demostrado en su comunicado. Que no caiga en saco roto el quijotesco acto del Sevilla.
Lo ocurrido trasciende colores y sensibilidades y poco tiene que ver con las filias y fobias. Les ruego que no caigan en la tentación de meter en el mismo saco al Real Madrid porque ningún hecho probado hay contra ellos. De hecho, el club blanco tiene todo los resortes para ser el que tire del carro del resto y no sería recomendable que termine asqueado porque le metan dentro de un saco en el que no debe estar.
También me tomo la libertad de pedirle al barcelonismo altura de miras. Nada hay contra ellos. Ellos también son víctimas de este escándalo y a nadie más que a ellos les hace daño que pueda haber la más mínima sombra de sospecha en los extraordinarios resultados deportivos de la época más gloriosa de su club. Una era en la que los que no sentimos en blaugrana sufrimos y disfrutamos con su buen hacer en los terrenos de juego.
Este primer paso que ha llegado desde el sur de la mano del club de Nervión debe acabar siendo una invitación a que todos caminen de la mano contra los molinos para discernir si son o no gigantes y así garantizar la limpieza y la honestidad de este deporte.
Eso y sólo eso hace que miles de aficionados paguen por pegarse a los televisores a seguirlo y se endeuden para acudir a las gradas. Si no, el aficionado será libre de sospechar que es imposible que el pequeño gane nunca al grande y este deporte y esta industria estarán definitivamente heridos de muerte.


