
Hace apenas tres veranos por estas fechas el valencianismo se enteró una noche por la prensa de Barcelona del traspaso escondido de AndréGomes al Barça. Lo grave no fue que el personal se enterara por la prensa catalana, lo grave fue que todo el club, excepto Peter Lim, se enteró también por el mismo medio. El entonces director deportivo, Suso Garcia Pitarch, no supo de la venta hasta que el Barcelona hizo oficial el fichaje. Recuerdo perfectamente aquella noche de teléfonos apagados en la entidad porque nadie sabía que decir, ni que explicar, porque la venta la había hecho en primera persona el máximo accionista en una comida en paradisíaco restaurante de la isla de Formentera.
Aquello fue un revés duro pero sólo unos días después el asiático repitió la operación vendiendo al entonces delantero emblema del club, el valenciano Paco Alcacer. Fue idéntico a lo del portugués. Sin avisar a nadie y cerrando el trato a escondidas de sus propios ejecutivos en Barcelona. Aquel verano el Valencia terminó traspasando también a Mustafi para acumular 100 millones en ventas para un club que había terminado sufriendo con el posible descenso. Ese proyecto veraniego finalizó con la presentación de Munir como el nueve de campanillas para sustituir a Paco Alcacer. Sin duda, aquello fue una buena metáfora de lo que parecía un proyecto absolutamente en decadencia.
Sin ser culpable de nada, el hispano-marroquí llegó a Valencia para ser el responsable de hacer los goles de un club que afirmaba intentar pelear por ir a Champions pero que puso su destino en manos de un preparador físico, el míticoPako Ayestarán. Aquello por suerte es pasado muy pasado y seguramente el valencianista al leer estas líneas piense que hayan pasado más veranos de los que realmente han pasado. Aquel curso se volvió a coquetear con el descenso y por fin Lim dejo el proyecto en manos de gente de fútbol y fichó al mallorquín Mateu Alemany. El ex del Mallorca ha sido mano de santo para el club valencianista. Con sus errores, como todos, ha conseguido ordenar una entidad que navegaba a la deriva y que había perdido el respeto de fútbol europeo. En apenas dos años acertó de lleno en la elección del entrenador, acertó de lleno con los fichajes y las muchas negociaciones que ha tenido que llevar a cabo y fue frío como el hielo para aguantar al entrenador cuando los resultados casi exigían un cambio en enero.
Ahora, con la consecución del objetivo Champions en Liga por segundo año consecutivo y con el título de Copa el Valencia CF ha disparado su cotización como club. Este verano los jugadores, de nivel, ven la entidad de Mestalla como un equipo en crecimiento para asentarse entre los grandes del fútbol europeo. El fichaje de Maxi Gómez indica el cambio que el club ha experimentado en tres veranos. El uruguayo era la primera opción de la secretaría técnica desde el pasado mes enero aproximadamente y las conversaciones estaban avanzadas desde al menos finales de abril. El ya ex jugador del Celta era uno de los nueves más cotizados de la Liga llegando a tener intereses de clubes como el Barcelona en los últimos meses pero ha sido el Valencia CF el que ha conseguido llevárselo tras una dura pelea con los millones del fútbol inglés.
El West Ham llevaba intentando fichar a Maxi desde el pasado verano pero el jugador siempre esperó algo mejor deportivamente y eso fue el Valencia CF. El crecimiento exponencial demostrado por los de Mestalla desde la llegada de Alemany y Marcelino ha provocado que en menos de tres cursos los valencianistas hayan pasado de tener que vender jugadores por valor de 100 millones y traer un descarte del Barça para enfilar su delantera a poder fichar a uno de los mejores delanteros de la Liga, con una proyección que asusta, y además estar pendiente del mercado de buenos jugadores para seguir reforzando una plantilla que ya es de mucho nivel.
Hay veces que los aficionados no aciertan y que sus opiniones son meros comentarios sin argumentos. Sin embargo, hace tres años en Valencia a Lim la afición blanquinegra dejó de pedirle que pusiera dinero para fichar y únicamente le reclamó que pusiera al frente de la entidad a gente de fútbol, no a contables, y al frente del banquillo a un entrenador de verdad, y no a aprendices. Tres años después la muestra es evidente. La maltratada afición del Valencia CF no estaba tan loca ni pedía nada del otro mundo.


