La cuenta pendiente de Messi en las inferiores de Newell´s

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El Comercio
La Pulga la rompió desde chico y era la gran figura de las inferiores de Newell's, pero no le fue bien ante Central.

Cuando faltaban unos minutos para que arrancaran los partidos, Quique Domínguez le hacía una seña al 10 y le pedía que llevara al equipo a hacer la entrada en calor. Lionel Messi, el más bajito de sus compañeros, iba enumerando la rutina para que el cuerpo de esos nenes de once años entrara caliente y elongado a la cancha. Líderes pueden ser dos: el que grita anímicamente o el referente al que todos miran.

Coinciden todos los entrenadores y los compañeros que compartieron un vestuario que él es así: que tenés que mirarlo, que su peso en el césped es tan grande que inclina el corazón de los compañeros. Desde siempre.

La categoría 87 de Newell’s era un ejemplar de buen fútbol. La sociedad que conformaban Lucas Scaglia -que ahora juega en el fútbol estadounidense- y Messi era implacable: el volante central recuperaba, equilibraba y repartía; el 10, en forma de mediapunta, era desequilibrio puro y para qué contar la forma en que llevaba la pelota si ya todos lo conocen. Todavía la Asociación de Rosarina de Fútbol guarda las estadísticas de aquel equipo sabiendo que, más allá de que la mayoría no llegaron a la elite de este deporte, hizo historia.

Pero tanta magia tiene un grano. “Leo se preparaba mucho para los partidos contra Central porque él es hincha de Newell’s. Su familia, de hecho, lo es. Cada cruce los vivía como algo especial”, cuenta Domínguez, que dirigió a Messi en su último paso en infantiles, cuando todavía ese equipo jugaba en cancha de 7, en la antesala de las inferiores generales de Newell’s, donde lo recibió Adrián Coria, actual ayudante de campo del Tata Martino en la Selección argentina. Y aunque las estadísticas marquen que Messi ya tiene cuatro Balones de Oro y que obtuvo todos los récords posibles, hay un dato que lo pone en jaque: siempre le costaron los partidos contra Rosario Central.

Messi Newell´s

Es una particularidad, sobre todo, porque Messi ha vencido a todos los clásicos futboleros que se le han puesto delante: tanto a Real Madrid como a Brasil les ha convertido muchísimos goles. Es un jugador que en las grandes circunstancias siempre termina apareciendo en la tapa de los diarios por su brillante desempeño. Pero, de pibe, eso no le salía y la Asociación Rosarina de Fútbol propone un detalle de eso.

Messi jugó su primer partido oficial el 9 de abril de 1994, en la cancha del club Pablo VI, en un encuentro que Newell’s A le ganó 6-0 a su rival, con cuatro goles del 10. En esa primera temporada, jugó 29 partidos y convirtió 40 goles. Ganó 23 encuentros, empató 3 y perdió 3: uno de ellos contra Central A, al que no le pudo convertir goles.

En 1995, Messi jugó 30 partidos y marcó 36 goles. En esta temporada, ganó 27 partidos y apenas empató tres: uno de ellos, contra Central, aunque en este caso le convirtió goles.

En 1996, tuvo una temporada impresionante, en la que, cada vez más, se empezó a notar la diferencia que sacaba. Jugó 27 partidos y marcó 36 goles. Esta vez sí: le ganó y le convirtió a Central.

En 1997, las complicaciones con el canalla volvieron a aparecer. Jugó 36 partidos y convirtió 40 goles. Los dos partidos en que se enfrentó contra Central no pudo hacerle goles e, incluso, uno de esos partidos, de local, en el predio de Malvinas, lo perdió.

En 1998, tuvo una temporada en la que no jugó tantos partidos y, de hecho, se ausentó a algunos encuentros. Sin embargo, disputó 25 partidos con 27 goles y no perdió contra Central.

En 1999, sin dudas, Messi tuvo su mejor temporada en inferiores con un desequilibrio tremendo: en 29 partidos, hizo 55 goles, una barbaridad. Newell’s terminó invicto: ganó 26 partidos y apenas empató 3. Sin embargo, de los cuatro partidos en que el 10 no marcó goles, dos de ellos fueron justamente contra Central.

El resumen estadístico de sus cruces contra Rosario Central es, lógicamente, como buscarle el pelo al huevo, ya que los números del 10 de Barcelona eran realmente sorprendentes. Pero quienes lo conocen recuerdan duramente el día en que los leprosos de su categoría perdieron una final contra los canallas y él se retiró muy enojado y con una frustración tremenda. Los hinchas de Newell’s lo cuentan esperanzados de que, algún día, Messi se tome una revancha y regrese a jugar con los colores de donde nació y, definitivamente, en Primera, le gane al equipo rival de la ciudad.

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