James Rodríguez se quedó con las lágrimas de un alma vacía

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El 10 de Pekerman se perdió el partido más importante, pero lo vivió a su manera.

Carlos Bacca salió corriendo al vestuario mientras no podía parar de llorar. José Pekerman recorría el campo de juego y consolaba a sus jugadores. Falcao miraba al piso como si no entendiera qué era lo que pasaba. Pero James Rodríguez se encontró con una situación extraña. No llevaba botines. No tenía pantalones cortos. No había mojado su camiseta. Quizás por eso pareció sentirlo con tanto dolor. 

Se sabía que no iba a jugar, si en el entrenamiento anterior al partido ni siquiera pudo trotar. Al final, las sospechas se confirmaron. Ni siquiera fue al banco de suplentes. Arrancó el encuentro con una confusión. Los encargados de seguridad de FIFA no lo dejaron quedarse en el banco de suplentes. Tanto él como Miguel Borja y Esteban Cambiasso, parte del cuerpo técnico de Pekerman, tuvieron que ir a verlo desde la platea, entre las primeras filas. 

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Hizo de entrenador. Desde afuera, estuvo la mayoría del tiempo en silencio y con una mirada penetrante, pero cada tanto repartió algún que otro grito a algunos de sus compañeros. Con Cambiasso comentó cuestions tácticas. Pareció estar disconforme con la falta de ataque por el sector derecho. En el entretiempo, partió rápidamente al vestuario. Luego del tiempo suplementario, se acercó al grupo que se abrazaba y gritaba que faltaba un pasito para la gloria. Pero parecía un momento complicado para sentirse pleno. Al crack del Bayern no le sale ser protagonista desde afuera.

Fue hincha. El gol de Mina, sobre el final del partido, lo gritó con locura. Se paró en la platea. Miró al cielo. Explotó. Se abrazo con todos los que lo rodeaban. Encontró alegría en un momento de absoluta tensión.

Hasta que llegó la derrota de la Selección Colombia. Y fue un golpe duro. Quizás por el dolor de no haber estado. Por la frustración del sueño que se estrelló. Por la tensión que baja y de pronto se siente muy mal. James deambuló por el campo de juego, se sentó en el banco de suplentes y quedó solo. Lo fue a buscar Falcao pero no se podía mover. Se mordió los labios y lloró. Con una sensación de vacío que dolía.

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