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Hinchas y jugadores, todos juntos: Argentina basó su unidad al construir un enemigo

14:35 CEST 27/6/18
Argentina Nigeria World Cup Russi 2018 26062018
Las horas más difíciles de la Selección sirvieron para apuntar hacia un mismo lado y unir a las partes. El periodismo como blanco favorito.

La relación entre el equipo nacional y el periodismo es históricamente tirante. Críticas, shows montados, noticias inventadas, audios virales. Todo vale en esta época de primicias tan efímeras como falsas.

Este plantel rompió relaciones tras el 3-0 ante Colombia, por Eliminatorias. Messi salió a hablar y a aclarar que no iban a dialogar más con la prensa hasta nuevo aviso. Un periodista había inventado y divulgó una noticia injuriosa contra el Pocho Lavezzi. Once meses después, tras la clasificación agónica de Argentina en Ecuador, los jugadores retomaron el diálogo.

Este mes del Mundial pasaron cosas gravísimas desde los medios de comunicación. Desde el cuarto poder. Dijeron y se desdijeron sin ninguna consecuencia. Inventaron. Analizaron la psiquis de los jugadores sin siquiera hablar con ellos. Que Leo está triste porque se tapó la cara en el himno. Que el partido contra Nigeria lo iba a dirigir Burruchaga. Que los jugadores iban a armar el equipo.

En ese momento se construyó el enemigo.

Umberto Eco, escritor, filósofo y semiótico, analizó la importancia de tener un enemigo en su ensayo Construir al enemigo, partiendo de una anécdota con un taxista extranjero. Tan claro como imperdible.

Por último me preguntó cuáles eran nuestros enemigos. Ante mi «¿Perdone?», aclaró despacio que quería saber con qué pueblos estábamos en guerra desde hacía siglos por reivindicaciones territoriales, odios étnicos, violaciones permanentes de fronteras, etcétera, etcétera. Le dije que no estábamos en guerra con nadie. [...] No estaba satisfecho. ¿Cómo es posible que haya un pueblo que no tiene enemigos? Nada más bajarme, dejándole dos dólares de propina para recompensarle por nuestro indolente pacifismo, se me ocurrió lo que debería haberle contestado, es decir, que no es verdad que los italianos no tienen enemigos. No tienen enemigos externos y, en todo caso, no logran ponerse de acuerdo jamás para decidir quiénes son, porque están siempre en guerra entre ellos.

[..] Ahora bien, reflexionando sobre aquel episodio, me he convencido de que una de las desgracias de nuestro país, en los últimos sesenta años, ha sido precisamente no haber tenido verdaderos enemigos. [...] Tener un enemigo es importante no solo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo.

Y hacia allá fueron todos. Unidos, claro. Jugadores, dirigentes e hinchas. El punto de partida fue el banderazo.

Había hartazgo generalizado. Muchas noticias falsas. Una confianza exagerada a modo de manotazo de ahogado allá en Rusia con un equipo que tenía pocos argumentos futbolísticos para certificar lo que el hincha le brindó este lunes y martes en San Petersburgo.

El enemigo estaba claro: el periodismo.

Fue diferente a lo que pasó en las Eliminatorias. Argentina dejó de hablar con la prensa, pero no había un consenso o una idea clara que compartían con los hinchas. En este caso, en el banderazo en San Petersburgo cambió todo. Encontraron el enemigo en común. Y no se trata de generalizar en todos los periodistas. Ni en todos los medios. Se trata pura y exclusivamente de dos cosas: conceptualizar el término 'periodismo' y también fijar una enemistad totalmente necesaria a esa altura.

"Y no me importa lo que digan...". "Hay que alentar a la Selección". Todos juntos: "Esto es para la gente que no se deja llenar la cabeza por las boludeces que dicen y demostró que la camiseta argentina está por encima de todo", estalló Messi tras el partido ante Nigeria. El enemigo estaba fijado. Y la unidad jugadores-hinchas, también. 

Argentina también lo tuvo en 1986, cuando el equipo jugaba mal y se clasificó a México por la ventana. "Teníamos todo en contra, todo en contra. Ni mis amigos entendían lo que hacíamos. Empezamos a jugar con tres defensores. La primera vez que doy el equipo, un amistoso con Suiza, en Berna, en 1984. Digo la formación y los periodistas que estaban ahí me dicen: 'Carlos está confundido; nombró nada más que tres defensores'. Les digo: 'Pero es así, vamos a jugar así'. Ellos no entendían: 'Fíjese si no lo tiene anotado', me pedían, y yo repetía: '¡Qué anotado, lo tengo en la cabeza!; ¡Esto va a ser así!'", contó Carlos Bilardo, quien posteriormente fue campeón en aquel Mundial. "El fútbol es tan generoso que evitó que Bilardo se dedicara a la medicina; es un cobarde y un enano mental", fue una de las frases más duras que se escuchó en la previa. ¿El autor? César Lusi Menotti.

Ese equipo, liderado por un Diego Armando Maradona totalmente revolucionario en los sentidos que se puedan imaginar, bancó al entrenador hasta las últimas consecuencias, centralizó las críticas al concepto periodismo para fijarlo como enemigo. "No me importan lo que digan esos putos periodistas", el cántico de los jugadores en el vestuario. Estaba todo claro. 

Argentina jugó mal gran parte del Mundial. Llegó a situaciones límites desde las Eliminatorias. No tiene argumentos futbolísticos para pensar en grande. Encontró argumentos en donde menos lo esperaba. Al menos encontró la manera de unirse con sus propios hinchas, con los que estarían totalmente separados por lo que se ve en el campo de juego.