¿Hasta siempre, Lodi? Más bien, hasta luego. Renan Lodi. La salida del brasileño, que hace unos días estaba cantada desde que la avanzó Javi Gómara en "Mundo Deportivo", ya es un hecho. Y la cuestión es si su adiós será definitivo o si simplemente obedece a un adiós puntual para después volver. El Atleti le abre la puerta para salir en busca de los minutos que aquí no tiene porque tiene una competencia interna importante, porque el chico pidió salir sabiendo que hay un Mundial a la vuelta de la esquina y porque cree que en el recién ascendido Forest, que quema billetes este mercado, sí le garantizará la titularidad que en el Atleti le niegan. Lodi ha hecho la maleta, jugará cedido en Nottingham, los ingleses pagarán 5 millones de tarifa de préstamo y tendrán una opción de compra por 30 millones de euos. Eso sí, antes de irse, el Atlético de Madrid ha decidido renovar el contrato del brasileño. Es decir, que si la aventura de Lodi no es positiva y los ingleses no pagan, el chico estará de vuelta el próximo junio. Como Saúl. Como Morata. Lodi no es el primero. Y tampoco será el último.
Más allá del componente económico, deportivo y personal, queda el legado de Lodi en el club. No ha respondido a las expectativas generadas y no ha tenido la continuidad que sus grandes condiciones atléticas reclamaban, pero sí tuvo un papel preponderante cuando se soltó, cuando le tocó ser extremo y cuando rubricó un puñado de grandes noches, con el equipo necesitado de sus mejores riñonadas y cabalgadas. Renan nunca ha sido un portento defensivo, nunca se ha prodigado en el arte de ganar duelos y tampoco es una eminencia a nivel táctico. Todo lo contrario. Suele ser disperso, anárquico e irregular. Con todo, tuvo actos de servicio muy notables para la causa. Su gol al Manchester United, su festejadísimo tanto agónico ante Osasuna en aquel final de liga infartante o su doblete ante el Celta. Nadie podría decir que Lodi ha triunfado en el Atleti, pero sí que ha hecho todo lo que estaba en su mano para intentar lograrlo. Tuvo compromiso, entrega y una actitud muy positiva. Sufrió al llegar, quiso volverse para Brasil porque no se adaptaba, le costó entender lo que Simeone pedía de él y se ganó el cariño de la afición con apariciones fulgurantes en momentos más que delicados. Hay quien cree que su marcha es un hasta siempre. Mi sensación personal es que esto es un hasta luego.
Ahora el Atleti tendrá que moverse. El elegido, o eso nos dicen, es Reguilón. Otro canterano denominación de origen Real Madrid. Nada nuevo, por más que aquello guste entre poco y nada entre el personal. Simeone se distancia del debate, esquiva el charco y se limita a ver a los futbolistas con ojos de entrenador y no de hincha. Hay quien se siente decepcionado y cree que decisiones así lastiman el sentimiento de pertenencia que el propio Simeone defendía en sus primeros cursos. A los aficionados les sigue protestando el corazón. Incluso a los que creen que Simeone es lo mejor que le ha pasado al Atleti en su historia. No pueden ni quieren procesar una realidad cruda: el lado sentimiental del Atleti empieza a ser muy laxo, casi de quita y pon. El ambiente es raro. Hay un caldo de cultivo negativo, el equipo no despega, se respira crispación y esto acaba de empezar. Al fondo asoma Simeone. Al entrenador, al empleado, al líder y por supuesto, al escudo-humano del club, hay que exigirle resultados. Hay que pedirle todo porque de otros, nadie espera nada. Y si la pelota no entra, habrá quien le pida que no se vaya, sino que vuelva.
Rubén Uría
