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"Funesto" Valverde

13:47 CET 6/1/20
Ernesto Valverde Barcelona Valencia Copa del Rey 25052019

Cuando Jorge Alberto Valdano era entrenador del Real Madrid en los noventa, verbalizó qué siente un técnico cuando se critican sus decisiones: “No sé lo que dice la calle, pero me da igual. Yo con el carnicero hablo de carne; con el taxista, de taxis. De fútbol, hablo yo. Yo sé más de fútbol que todos los taxistas juntos, que todos los carniceros juntos, que todos los porteros juntos y posiblemente que todos los periodistas juntos”. Valdano, con más de 450 partidos como jugador a sus espaldas y cinco temporadas como técnico de éxito, ahora tiene 64 años y se dedica a escribir columnas y comentar partidos en televisión. Cuando Joe Royle era entrenador del Manchester City a comienzos de siglo, dijo: “El de entrenador es el único trabajo del mundo donde todos saben más que tú. Yo nunca le diría a un fontanero, a un abogado o a un periodista cómo deben hacer su trabajo, pero todos los fines de semana ellos saben más que yo”. Royle, con 550 partidos como jugador y más de 1000 como técnico, hoy tiene 70 años. Ernesto Valderde, entrenador del Barça, a sus 55 años de edad, ha disputado más de 400 partidos como jugador y casi 800 como entrenador. Y aunque no presume de saber más de fútbol que todos los taxistas, carniceros, fontaneros y periodistas juntos, tiene asumido que todos los fines de semana, haga lo que haga o diga lo que diga, con razón o sin ella, le seguirán diciendo que todo hijo de vecina sabe hacer su trabajo mucho mejor que él.

"Funesto" Valverde. Ese es el cruel apodo con el que muchos aficionados culés apodan al entrenador cacereño, al que consideran culpable de haber desintegrado las raíces genuinas de un Barça que gana como siempre, pero es más irreconocible que nunca. La tarea de Valverde es ingrata: cuando gana es cosa de los jugadores y cuando pierde, el marrón es cosa suya. De ahí que sea una profesión mucho mejor remunerada que la de todos los taxistas, fontaneros o periodistas juntos. Valverde, gane o pierda, lleva meses emparedado entre el vestuario -que aprueba su gestión- y el socio -que hace tiempo que le ha bajado el pulgar-, sabiendo que la directiva duda y que el toro que le ha de matar ya está en la dehesa. En fútbol profesional, lo más importante es ganar. Y en el Barça, aunque ganar es lo más importante, también cuenta gustar. Embriagado por la herencia de Johan Cruyff y por la herencia que sublimó Pep Guardiola, el socio exige que su Barça conjugue los dos verbos exigibles: ganar y gustar. Así es como lo ven la mayoría de taxistas, fontaneros y periodistas.

No se discute el conocimiento de Valverde, ni sus títulos, ni su currículo. Es un gran entrenador. En cambio, sí se discute su contribución a la desnaturalización progresiva de un equipo que está a años luz de lo que fue. Tras invertir tropecientos millones en refuerzos que no mejoran lo que había, este Barça no gobierna los partidos, no presiona tras pérdida y no respeta su naturaleza, el imperio de los centrocampistas. Valverde es responsable de eso. También un grupo de jugadores irrepetibles que llevan años tirando del carro, mientras ven cómo los que llegan no están preparados para dar el relevo que el club necesita. Valverde, Ernesto para sus partidarios y "Funesto" para sus detractores, no ha traicionado sus esencias: es fiel a su discurso, sus ideas, su fútbol y su método. La cuestión es si el producto Valverde sigue siendo compatible con el idioma Barça o si el club se está haciendo trampas al solitario, manteniendo una apuesta en la que, realmente, hace tiempo que no cree y mantiene como mal menor. Es hora de que el club se haga preguntas incómodas y tome decisiones valientes. Entre otras cosas, porque todos los taxistas, todos los fontaneros,todos los periodistas y todos los entrenadores juntos saben que si no formas parte de la solución, formas parte del problema.

Rubén Uría