El Sevilla no es capaz de romper su mala dinámica. El equipo de Julen Lopetegui no se parece en nada al de la primera vuelta, ha perdido la solidez defensiva y cualquiera es capaz de puntuar ante un equipo que en las últimas jornadas sólo ha sacado 2 puntos ante Alavés, Celta y Espanyol.
El calendario completo del Sevilla FCLas visitas del Villarreal y el Athletic ya empezaron a mostrar un pequeño bajón del Sevilla pero la derrota en la Copa del Rey ante el Mirandés ha sumido al equipo sevillista en una depresión de resultados, donde muchos jugadores han quedado señalados pero especialmente un Julen Lopetegui que no es capaz de encontrar soluciones para que su equipo vuelva a resultar fiable.
Fernando y Diego Carlos ya no marcan las diferencias atrás com se demostró ante el Leganés pero, sobre todo, porque no pudieron tapar los continuos errores no forzados de Banega, que no levanta cabeza desde que se anunció su salida en junio, Franco Vázquez y Reguilón, que no debió jugar estando tocado. Tampoco resulta comprensible que Lopetegui se haya encomendado en defensa a un jugador con el que no quería contar en agosto como es Sergi Gómez, que salió en la foto de los dos goles del Espanyol, para orillar a Koundé en el banquillo.
Además, En Nesyri, que aún necesita tiempo de adaptación pero falló dos mano a mano ante los periquitos, no ha mejorado, de momento, la aportación ofensiva de Dabbur, Chicharito y De Jong. En el contexto de caída general, hay jugadores que ni están ni se le espera para reconducir la situación como Rony Lopes, que ni siquiera entró en la convocatoria ante el Espanyol.
El buen rendimiento de la primera vuelta es lo único que permite al Sevilla mantenerse con vida en la pelea por la Champions pero ya no tiene margen de error. Eso es lo único positivo que extrae el sevillista en una mañana en la que sólo Suso se echó a su equipo a la espalda y evitó la derrota ante un Espanyol colista. Ni poniéndose por delante, ni jugando contra diez, ni enfrentándose al colista en casa, el Sevilla de Lopetegui no se levanta y las miradas de recelo se ciernen con fiereza sobre el banquillo aunque Monchi aún mantenga la confianza en su apuesta.




