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El pesimismo del Barcelona por De Ligt y su enconada guerra con el PSG

12:52 CEST 15/6/19
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El central parece alejarse de los azulgrana para recalar en el club con el que las relaciones del club catalán son más complicadas

"Si al final De Ligt no viene, será que desde el punto de vista deportivo no se ha gestionado bien. No creo que sea por dinero, sino por un tema de proyecto deportivo". La frase es de Víctor Font, que ahora mismo es la figura más visible de la oposición a Josep María Bartomeu. No es extraño, en absoluto, que los que te quieren hacer saltar del trono critiquen, es un juego de poder poco relevante, pero en este caso Font se ha visto con un arsenal de argumentos que nadie esperaba. En marzo la idea era que De Jong y De Ligt llegarían a Barcelona de la mano, sonrientes, con el peso del futuro sobre sus espaldas. 

Era un guión cantado y esencialmente barcelonista. Holandeses, jóvenes, con buen pie, la historia interminable que forma parte de la herencia de Cruyff y del ADN del club. Lo de De Jong fue sencillo, no barato, pero sí sencillo. Una negociación rápida, viaje de Bartomeu incluido, y un anuncio en medio de la temporada. Todo fácil. En ese momento se esperaba que De Jong fuese el primero, que la caída de su pieza crease un efecto dominó que diese con su amigo De Ligt en el Barcelona. 

No está descartado, no del todo, pero los nervios se han disparado en las últimas fechas. El central era un fichaje estratégico, una apuesta de la dirección deportiva para trazar el futuro del equipo. Se le ofrecía amplio sueldo, otra millonada al Ajax y, en realidad estaba cantado. Pero con el tiempo llegó la duda. El chico demostró que no era De Jong, tiene más carácter, y poco a poco fue sembrando dudas del traspaso. Muchas declaraciones poniendo todo en 'stand by', diciendo que quería jugar, que no ha llegado el momento de decir su decisión... en el Barcelona sabían de antemano que este fichaje iba a ser más difícil, aunque solo sea porque está asesorado por Mino Raiola, pero nunca pensaron que ese escollo pudiese ser tan grave. 

El Barcelona y su entorno tienen una discusión interna sobre el estilo que es difícil de detener. Es un club orgulloso por el cómo, no solo por el resultado. Estos últimos dos años el equipo ha sido menos fluido que en otras temporadas y la oposición ha aprovechado para meter un aguijonazo. Esta discusión podría ser una cuestión anecdótica, pero no lo es. Primero porque se utiliza como puñal para el presidente y el entrenador, pero también porque se externaliza con facilidad. Se ha dicho -y se dirá- que De Ligt no está escogiendo por motivos deportivos, que le puede el vil metal. Es una dinámica un poco nociva esta, pues asume que todo aquel jugador que pudiendo ir al Barcelona no lo hace está poco menos que traicionando al fútbol, como si no hubiese más proyectos que pudiesen llamar la atención. 

Su probable destino ahora es el PSG. Que tiene un proyecto difícil de vender a los románticos, pero un proyecto al fin y al cabo, con muchísimo dinero y las más altas ambiciones. El que firma con el equipo parisino asume que jugará en una liga poco competitiva y que probablemente la ganará, que sin ser lo perfecto, tampoco es el peor de los mundos posibles. Su objetivo, como el del Barcelona, es reinar en Europa. Con poco éxito en tiempos recientes, en ambos casos. 

Los franceses, en el mercado, son un equipo poderoso, casi temido. Los dueños mantienen desde hace años una relación tirante con el Barcelona y entre ambos no solo es difícil la colaboración, es que tienen a pisotearse en lo posible. Son muchos los casos, el más llamativo el de Neymar, en los que el PSG ha hecho lo posible por guerrear contra el club de la Ciudad Condal. Y es un enemigo peligroso, la prueba de ello está en el eterno rival, el Real Madrid, que solo desmiente oficialmente los rumores cuando son de algún fichaje relacionado con el PSG. Hay miedo porque se sabe en el mundillo que los jeques cataríes tienen la venganza con frecuencia en el menú. 

Bartomeu ya ha probado la hiel de competir con los franceses, con De Ligt toca un nuevo capítulo. En caso de no llegar, la política deportiva tendrá que dar un giro. Habrá 80 millones que se esperaban en esta inversión disponibles para otros lugares. Está por ver, después de los últimos mercados, que la dirección deportiva sepa qué hacer con ellos.