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El fútbol es cosa de mujeres

2:46 CET 22/2/19
Chivas Tigres Liga Femenil
Para muchos, la práctica de este deporte es sólo un privilegio de hombres, pero millones de chicas en el mundo juegan a la pelota.

Una parte de la sociedad actual se empeña en hacernos creer que el fútbol es un deporte que está más vinculado a los hombres que a las mujeres cuando el primer partido oficial entre equipos de mujeres se disputó el 23 de marzo de 1895, apenas unos años después que un juego oficial de hombres, y lo presenciaron alrededor de 10 mil personas.

En 2018, de acuerdo con números oficiales de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), 30 millones de mujeres en el mundo practicaban el fútbol regularmente en ámbitos federados, cifra que, seguramente ya haya aumentado.

Aún así, hay personas que todavía se encaprichan en no reconocer a las mujeres que hacen exactamente lo mismo que los varones: jugar al fútbol.

“No juego con faldas”, respondió Pedro Caixinha, técnico de Cruz Azul, al ser consultado por la importancia del fútbol femenil, cuya liga peligra su continuidad en México. Quiero decirte, Pedro, que esto no se trata de faldas, sino de botines, camisetas, pelotas, canchas y un montón de otras herramientas de trabajo que se les niegan a las mujeres que quieren desarrollar la disciplina igual que tus dirigidos.

¿Por qué en algunos países como México, Argentina, Colombia y Chile las mujeres no pueden jugar al fútbol en las mismas condiciones que los varones? Porque el fútbol no es profesional y las mujeres no perciben un salario por jugar, por lo que deber tener otro trabajo en paralelo. Ni hablar de las condiciones: en muchos lugares de Latinoamérica (y del mundo) las mujeres no tienen acceso a una cobertura médica, ni a contratos laborales ni a acuerdos colectivos de trabajo. En Argentina, por ejemplo, las futbolistas que más dinero perciben (fuera de un contrato laboral), cobran 4 mil pesos argentinos, algo así como 100 dólares. En México, la mayoría de las futbolistas tienen el "privilegio" de cobrar 12 mil 500 pesos mexicanos (650 dólares).

¿Cuáles son algunas de las excusas para no profesionalizar el fútbol femenino?

1- La falta de dinero. La frase más utilizada para negar la igualdad entre hombres y mujeres en el fútbol es que el fútbol femenino no es redituable. Habría que ver cuántos de estos clubes que se amparan en esta excusa tienen superavit gracias al fútbol masculino y cuánto invierten en dicha disciplina. En tal caso, la FIFA destina un dinero por federación para el fútbol de mujeres: habrá que ver cuánto se invierte realmente en las chicas. Cabe destacar que es mucho menor a lo que se invierte en el fútbol masculino: en el Mundial de Rusia, la entidad madre del fútbol invirtió 400 millones de dólares, mientras que para las mujeres, en el Mundial de Francia 2019, invirtió 30 millones.

2 - El “nivel” futbolístico de los equipos de mujeres. Primero, habrá que ver quién o quiénes son los que tienen la potestad de evaluar el “nivel” de juego en el fútbol. Al margen de esto, es cierto que hay una desigualdad en ciertas condiciones físicas y tácticas entre hombres y mujeres. Y es que  las mujeres no tienen posibilidad de desempeñarse en Divisiones Juveniles (porque no las hay) y entonces comienzan su formación en una edad avanzada o deben hacerlo de pequeñas en equipos de varones hasta que, por reglamento, no las deja continuar con sus compañeros porque las federaciones no permiten los equipos mixtos.

3 - Al público no le interesa el fúbol de mujeres. Basta con haber visto el partido entre el Athletic y Atlético de Madrid en San Mamés por los cuartos de final de la Copa de la Reina, al que asistieron más de 48 mil personas -mucho más de las que van a ver a sus equipos habitualmente en un encuentro de la liga masculina chilena o argentina, por ejemplo- para darse cuenta de que esto es mentira. Sin ir más lejos en Colombia, la final de la temporada pasada en la que Independiente de Santa Fe le ganó a Atlético Huila, se hicieron presentes 33 mil 327 personas.

Quizá habría que pedirle a Pedro, y a otras tantas personas que opinan como él, que repase estos datos y tome consciencia de que el fútbol femenino no es una “cuestión de faldas”, sino una cuestión de de fútbol y, por ahora, también de desigualdad, discriminación y machismo.

Sólo por ahora, porque las mujeres comenzaron a alzar la voz. En Argentina, por ejemplo, la futbolista Macarena Sánchez intimó a su club, UAI Urquiza (de Primera División) a que la reconozca como trabajadora del deporte y a la AFA para que "cese con la inacción, y cumpla con los acuerdos que tiene con la FIFA en materia de igualdad de género y no discriminación".

El pedido de Macarena, similar al que hicieron los hombres en Argentina en la década del '30 cuando el fúbol masculino no era profesional, sienta un precedente en el fútbol femenino, ya que es la primera vez que una jugadora inicia acciones contra un club reclamando la profesionalización. A su pedido, se le sumó el apoyo de cientos de futbolistas que alzaron la voz y que piden, simplemente, jugar al fútbol en las mismas condiciones que los varones.