El expreso de Gales, atascado en las cocheras

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Getty Images
Gareth Bale, perdido en el eléctrico partido ante el Betis. Falló dos manos a mano. No tuvo ni una acción en área rival en la primera parte.


OPINIÓN

Es una ley natural en la vida y en el deporte. Si tienes que salir de viaje en carretera, no te subes al peor de tus vehículos (si tienes suerte de poder elegir entre más de uno). De la misma manera que el tenista no deja su mejor raqueta en la taquilla, o que el golfista siempre meterá su hierro fetiche entre la bolsa de palos escogida. Y en el fútbol es igual. A veces, nos empeñamos en revolver ciertas situaciones hasta que damos tantas vueltas al calcetín que parece una bufanda, cuando puede que las explicaciones estén delante de nosotros, sin dobleces. El miércoles ante el PSG, Zidane no escogió a Gareth Bale entre su once inicial. Y además de que lo hiciera por prevalecer el 4-4-2 por delante de la BBC, seguramente fuera porque, directamente, el galés no le entra más por el ojo. Porque no está entre sus mejores jugadores. Porque se ha cansado de darle oportunidades. O porque seguramente, el ‘11’ tampoco se las esté ganando. Y no hay más.

Sea por una o por otra razón, o quizás por todas a la vez, es una situación que marca un antes y un después en el Real Madrid. Ya que la BBC era fija en los esquemas blancos de estar disponible. Según el propio Zidane, eran los mejores (además de los más caros), y por eso jugaban. Eso ya ha cambiado. Ahora Asensio, Isco o Lucas Vázquez parecen más útiles para el equipo que Gareth Bale y Benzema. Y Zidane además ha movido ficha. Al ‘9’ francés no le perturban ni las críticas ni sus rachas, así como tampoco le afectan las rotaciones del técnico, dicho sea de paso. Pero al galés, sí. Sí a todo, además. A Gareth Bale le afectan las críticas, le afecta su irregularidad y ahora también está en el punto de mira del técnico. 

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Ante el PSG fueron varias las capturas hechas al potente extremo con gestos de decepción. Y en el campo, tampoco se notó en exceso su presencia saltando desde el banquillo. Pues ante el Betis este domingo, pese a salir de inicio, fue una continuación de lo visto en la Champions. Un spin-off de la misma serie. En toda la primera parte no llegó a participar de ninguna jugada en el área local. Ni una. Ni tampoco se dio siquiera un pase con Cristiano, su compañero en la delantera. Y justo cuando en la segunda parte algunos (un servidor entre ellos) podrían empezar a cavilar como justificación que lo mismo esa posición de ariete en el 4-4-2 no beneficiaba en nada sus cualidades naturales, va Bale y marra dos manos a mano consecutivos con Adán a la carrera en profundidad. Fabricados expresamente para él. Y aun así, perdidos en el limbo. 

Era un aviso del destino por querer enredar lo que es un análisis mucho más simple: que Bale no está. Simple y llanamente. Fue un partido eléctrico, con ocho goles, donde todos los atacantes blancos marcaron o asistieron, con espacios y alternancia en el resultado y el césped… pero Gareth Bale pasó desapercibido. Con pena y sin gloria. Y no era la primera vez siquiera. Y es que pese a su fulgurante regreso en diciembre entre la Copa y el Mundial de Clubes, el expreso de Gales se ha quedado atascado en las cocheras a día de hoy. 

Y quién sabe si esto no será un anticipo para lo que puede estar por venir en verano. Pues ningún tenista deja la que fuera su mejor raqueta en la taquilla sin sacar otra a la pista. De la misma manera que no hay hierro que aguante de por vida con un golfista si nunca forma parte de su juego de palos. Es una ley natural en la vida y en el deporte.

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