El compromiso del capitán Layún con la Selección mexicana

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Ante Argentina lució el brazalete por segunda vez en su carrera.

Ante Argentina, Miguel Layún lució el brazalete de capitán por segunda vez en 69 internacionalidades con la Selección mexicana. Para el jugador del Villarreal, es la mejor manera de demostrar su orgullo patrio. De ese número de veces que ha vestido la camiseta verde, más de la mitad (40), han sido como componente de un club europeo. Y jamás se ha negado a acudir a un llamado.

Ni siquiera la última vez, a sabiendas de que debía realizar más de 21.000 kilómetros, la ausencia de un cuerpo técnico oficial por el interinato del Tuca, o que muchos otros futbolistas que actúan en el Viejo Continente llevan tiempo renunciando a acudir (es el caso de Chicharito, Héctor Moreno, entre otros), y que se trataba de un amistoso con más cosas que perder que de ganar.

Nada de eso lo frenó. Nunca ha perdido la ilusión por ir, de hecho sigue intacta. Su intención siempre ha sido ayudar, y ahora desea echar una mano a la nueva camada de la Selección. Ser un espejo para los chicos, quienes le ven como un referente por esfuerzo, sacrificio y superación. Cierto es que el Tri notó en exceso la falta de compenetración entre sus numerosos nuevos miembros en ese encuentro, pero el capitán no falló. Si bien perdieron ante la Albiceleste, Miguel arriesgó y luchó por cada balón. Tanto, que su porcentaje de acierto en el pase fue superior al 80%, cuando su media está en torno al 70%. 

Con él en el terreno de juego han sido más las grandes actuaciones que las malas. Ahí está el partido contra Alemania en el pasado Mundial de Rusia para ratificarlo, sin ir más lejos. Firmó una participación brillantísima, tanto que le convirtió en una de las piezas más codiciadas del mercado.

Tras la derrota hace unos días frente a una Argentina que también busca su estabilidad, Layún fue el primero en aparecer ante los medios de comunicación con la cadera dolorida por la dureza del partido, y el encargado de anunciar que Ferretti prefería que los legionarios en Europa (Ochoa, Jiménez y él) no actuaran en el segundo amistoso para probar a los más jóvenes. Aceptó la decisión, sin rechistar, y regresó al Villarreal para seguir su preparación de la temporada.  

Allí, sus datos son espectaculares tras su llegada en verano: es el tercer jugador amarillo con más ocasiones de gol generadas (19), el segundo con más centros al área realizados de jugada (34) y el quinto defensa de La Liga con más ocasiones de gol generadas (19). Unos números impecables si se tiene en cuenta, y que evidencian su ambición y ganas de superación.

Así ha sido siempre. Podría haber tenido una vida más confortable en México, donde era capitán del América, pero prefirió cruzar el Atlántico para convertirse en un futbolista de otro nivel. No fue por negocio, si no a superar sus límites. Así se ha hecho un nombre y se ha convertido en un referente.

Tras el Mundial acordó con la federación no acudir a las dos últimas convocatorias para dar una oportunidad a los jóvenes talentos en el cambio generacional, algo que pudo aprovechar para poder aclimatarse al Villarreal. Aunque él quiere continuar poniéndose la verde, blanco y rojo, y ser uno de sus líderes. Como siempre. Con ilusión, a pesar de que en algunos momentos surgieran críticas, como tras la goleada ante Chile en la Copa América 2016. Incluso ha ido con alegría a pesar de las informaciones que indicaban hace unos días que los internacionales no iban por el adeudo de las primas en el pasado Mundial. Porque su sueño sigue siendo ver su nombre en cada convocatoria. Y de nuevo, lucir el brazalete con orgullo.

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