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Centurión era una solución para Sampaoli

21:47 CEST 21/5/18
Ricardo Centurion Racing Club Copa Libertadores 2018
Más allá de las discusiones sobre sus actitudes, el hombre de Racing podría haber aportada a la Selección argentina la gambeta que le falta.

Aclaración: en esta columna se hablará exclusivamente de fútbol.

Cada vez que se acerca un Mundial surge la discusión acerca del criterio que deberían utilizar los entrenadores a la hora de conformar la lista de 23 convocados para la máxima cita, que podría resumirse en dos ejes principales: potencial contra presente. Están quienes consideran que "a la Copa del Mundo tienen que ir los mejores, no importa cómo estén jugando" y los que sostienen que "no se puede desaprovechar el buen momento de un futbolista". Pero cada tanto aparecen nombres por los que ninguno de los dos bandos puede encontrar argumentos para vetar su presencia. Ese fue el caso de Ricardo Centurión.

Es tan cierto que el hombre de Racing nunca fue llamado a la Selección argentina como que no hay en el fútbol argentino otro mediocampista ofensivo con su capacidad de desequilibrio individual desde la gambeta, ese arte en extinción. Una característica que, excepto Ángel Di María, no posee ningún otro de los volantes que están en el radar de Jorge Sampaoli. Centu es un jugador que puede romper una defensa cerrada con un par de quiebres de cintura y eso, en una Copa del Mundo, puede ser muy importante.

Más allá de ese potencial, el presente del atacante también es inmejorable. Desde que volvió a Racing a principio de año, Centurión mostró el mejor nivel de su carrera. Después de haberse destacado siempre por las bandas, Eduardo Coudet también le dio libertad para moverse por el centro del ataque. Y con la posición más liberada, el volante demostró que no sólo es un gambeteador, sino que también tiene poder de gol: en el semestre convirtió 8 goles en 19 partidos y ya igualó la mejor marca anotadora desde su debut en Primera para toda una temporada (había hecho 8 en 22 partidos en la campaña 2016/17 en Boca).

Que sea necesario aclarar que la argumentación sobre los merecimientos que había hecho para su presencia en Rusia fueron exclusivamente en términos futbolísticos es, sin dudas, el gran punto en contra que tuvo Centurión. Pero, sin entrar en la discusión (necesaria) acerca de cómo debería proceder el entrenador de una Selección con un jugador que fue denunciado por violencia de género, ninguno de los demás 'escándalos' que protagonizó el atacante debieran haber condicionado su ingreso al plantel mundialista.

En la cancha, los méritos los había hecho. La duda será por qué, finalmente, no le alcanzaron.