Bienaventurados

Simeone Atletico Madrid Real Madrid LaligaGetty Images
Ruben Uria Blog

Londres dejó una lectura diáfana: El Atlético de Madrid no dio la talla el día que debía. Traducido a futbolés y parafraseando a Messi, el diagnóstico es contundente: “Con esto no nos alcanza”. Así de crudo. Perdió en la ida con un plan conservador y perdió en la vuelta con un plan ofensivo. Ni desplegó un juego para estar en octavos, ni mereció estar en octavos. Ni Simeone ni sus jugadores estuvieron a la altura. El Chelsea fue más contundente, más físico, estuvo mejor organizado,  ocupó mejor las zonas del campo y supo interpretar mejor la eliminatoria. Como los aficionados del Atleti tienen televisión en casa, podrían quejarse de un arbitraje hogareño, que ignoró un posible penalti sobre Carrasco y sí vio una expulsión rigurosísima de Savic, pero recurrir a la coartada del árbitro, visto lo visto, sería demasiado pobre de espíritu viendo los méritos colchoneros contraídos para haber pasado a cuartos. A llorar, al Carmen.

Los atléticos, desilusionados por la impotencia del equipo y una eliminación merecida, están en la encrucijada vital de casi siempre: A un lado, la autocrítica necesaria por un juego pobre y la reflexión de que nada se ha roto, que el equipo sigue líder en la Liga y que aunque sólo le queda una bala, esa bala es de plata. Al otro, el linchamiento popular que suele acompañar los momentos complicados, donde los jugadores no valen para nada y Simeone recibe jarabe de palo, escenario donde los que presumen de creer se bajan del barco para volver a subirse el fin de semana siempre que se gane. Nada nuevo bajo el sol. ¿Pierde el Atleti? Chapapote sobre los jugadores y sobre todo, sobre el enemigo público número uno, el Cholo. Es automático.

La retahíla, que se corresponde con los intereses del madridismo militante y sus terminales afines, es constante: Simeone cagón, Simeone defensivo, Simeone ni idea, Simeone se equivoca en los cambios, Simeone siempre igual, Simeone vuelve locos a los jugadores y Simeone fin de ciclo. Lo de siempre. Desde el día que se insinuó de manera cobarde que a Simeone le importaban más los tres puntos que la vida de uno de sus jugadores, todo es cuesta abajo para desprestigiar la figura del mejor entrenador de la historia del club. No importa lo que diga, ni lo que haga, ni lo que ha cambiado la mentalidad del Atleti, ni que haya multiplicado el presupuesto por cuatro, ni que haya ganado 7 títulos en 8 años, ni siquiera que tenga al equipo líder en un campeonato donde Madrid y Barça tienen el doble de dinero para confeccionar sus plantillas. La culpa es del Cholo y patada a seguir. OK.

Que cada palo aguante su vela. A quien esto escribe le importa entre poco y nada que piensen que uno es el pelota número uno de Simeone, o que recibo una paguita del argentino, o que haga lo que haga y diga lo que diga, saldré a defenderle. Me es indiferente. Ni voy a cambiar la opinión de nadie, ni lo pretendo. Lo que sí tengo es memoria, que es el recurso de los tontos. Si la misión es decir que la temporada del Atleti es estiércol, conmigo que no cuenten. Si el asunto va de matar al Cholo diciendo que su ciclo ha acabado cuando el equipo sigue líder de la Liga, conmigo que no cuenten. Si la vaina va de machacar a esos jugadores y de desconfiar de ese vestuario, conmigo que no cuenten. Si el rollo va de presumir de creer en las buenas y dejar de creer cuando vienen mal dadas, conmigo que no cuenten. Conmigo que cuenten los bienaventurados atléticos que, por causa de Simeone, sean humillados, injuriados, vituperados y perseguidos, y digan toda clase de mal contra ellos. Alégrense y sean felices, porque suyo será algún día el Reino de los Cielos.  

Rubén Uría