Bale, ni hay razones ni es el momento de desplantes

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La peor noticia del Real Madrid ante el Levante: la no celebración del galés. Confirmó que nunca podrá ser líder ni en el equipo ni en el vestuario.

OPINIÓN

En el Real Madrid siempre creyeron en él como un posible líder para el equipo blanco. El heredero de Cristiano Ronaldo, sin ir más lejos. Pero después de cinco temporadas y media, ha quedado sobradamente demostrado que Gareth Bale no puede ser el abanderado madridista. No lo ha sido en ningún momento en este tiempo -ni con Cristiano ni sin él-, con lo que es fácil aventurar que no lo será tampoco en el futuro cercano ni lejano. Lo ha tenido en su mano cuando llegó Rafa Benítez al banquillo blanco, y también esta temporada con la marcha de Ronaldo, pero el tren pasó frente a él sin subirse. 

Como futbolista no se le puede negar ni su calidad ni tampoco que aparezca en ocasiones importantes. Pero siempre, eso sí, por debajo de las expectativas y de las exigencias para semejante rol. Falto de continuidad, regularidad e influencia real en el juego, el galés es el clásico jugador de momentos fugaces. De highlights. Pero le falta fiabilidad como para formar un equipo en torno a él. Como Cristiano. Como Modric. Como Sergio Ramos. Incluso como lo que aventura Vinicius.

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Aunque quizás el punto débil de Bale no sea tanto en lo futbolístico como en su propia capacidad de liderazgo. Su frágil físico y su débil cabeza le hacen incapaz de sostener la presión de todo un Real Madrid. Y su personalidad lo dificulta aun más: es una persona tímida, que no se ha integrado en el vestuario blanco (como han reconocido Courtois y Marcelo recientemente), que no habla el idioma con fluidez… Parece totalmente fuera de sitio. Y lo peor de todo es que, sin tampoco minutos, ya no puede disimular más lo desubicado que está. Lo frustrado que está.

En el derbi le salió un raquítico corte de mangas ante la afición del Metropolitano. Y en el Ciutat de Valencia le salió un desplante a Lucas Vázquez al negarle el abrazo tras marcar el gol de la victoria. Eran dos tantos vitales para los intereses merengues en La Liga. Dos tantos que le volvían a colocar en el foco del madridismo, y por tanto de Solari, que le ha relegado justamente al banquillo. Pero acabaron significando dos gestos de frustración ante –se entiende- su falta de minutos. Especialmente el de este domingo. Y resulta incomprensible. E inaceptable. Porque Bale ni tiene motivos de peso para semejante desplante, ni tampoco es el momento ideal para ello, a las puertas de la semana más importante de la temporada para el Real Madrid

Ya lo hizo después de la final de Champions en Kiev –luego reconocería públicamente que no se ‘entendía’ con Zidane-, y ahora lo repite nueve meses después con otro entrenador al mando. Sólo Bale es incapaz de ver lo que ve el resto del planeta fútbol: que hay compañeros que aportan más que él al Real Madrid. Y es incapaz de verlo, principalmente, porque no acierta a poner el interés del equipo por delante del suyo propio. Justo lo que hacen los líderes.

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