No solo era ganar por primera vez en el semestre, también era el cómo -en lo bueno y en lo malo-, en dónde y contra quién. Atlético Nacional dejó ir de manera increíble sus primeros tres puntos en la Liga, en una plaza que le volvía a sonreír y con un semblante muy distinto al de las tres primeras fechas.
Del primer tiempo de buen rendimiento, con la defensa siendo liderada por Quintana (de buen regreso), una zaga más segura y un mediocampo más comprometido que le permitió al ataque tener varias para liquidar, a un segundo tiempo donde fue superado por el rival, que impuso las condiciones y por momentos se vio avasallante, tanto que logró empatar en el último segundo cuando parecía que la visita se quedaba con el botín.
Dos tiempos cambiantes y opuestos, pero que le permitieron a los Verdolagas retomar partes importantes de sus argumentos futbolísticos y emocionales. Otra vez, cuando el fútbol no estuvo, aparecieron el carácter y el espíritu para saber aguantar el vendaval, mantenerse de pie y golpear. Le faltó la concentración y la precisión hasta el final, para evitar un último error que le costó el empate.
Aún con muchos detalles por mejorar, especialmente en la defensa y medio campo defensivo, pues la complementaria volvió a evidenciar falencias, desde lo actitudinal Nacional mostró otra cara, una que, de mantenerse e ir evolucionando con las fechas venideras, le permitirá acercarse más a las victorias y alejarse de los últimos puestos. Le faltó un centavo para ganar su primer peso.
