Lo necesitaba, era prioritario, fundamental, vital para todos. Para subir posiciones y acercarse a la clasificación, para la moral del equipo, para el proceso de Autuori, para llegar con impulso contra Olimpia y América, para sanar heridas con su hinchada que tanto lo necesita. Era un clásico de seis puntos para Atlético Nacional y se llevó mucho más que eso.
El Verde, además de los puntos y salvaguardar el honor de la ciudad, se llevó una figuración importante de Edier Ocampo que pareció con 1.000 partidos de recorrido, con un 4-4-2 inédito en esta etapa que fructificó como pocos se esperaban, con el regreso al gol de Duque y Ángel, con una colectividad que se sobrepuso de buena manera a la ausencia de Dorlan. Un partido redondo, de pocos puntos bajos o reproches y de señales positivas que a esta altura del semestre toman otra dimensión.
Poco o nada afectó el descuento casi accidental de Londoño, Atlético Nacional fue superior a lo largo del partido y logró trasladar esa superioridad al marcador de manera efectiva, aprovechando cada error rojo y golpeando en momentos certeros del juego: promediando el primer tiempo, antes de terminarlo y en el arranque del segundo. Tres golpes de los que el Medellín no encontró cómo reponerse pese a las individualidades.
Una bocanada de aire indispensable en medo de un 'incendio' llamado calendario que le deparará tres partidos en una semana en los que podría dejar definido a su favor buena parte de la Copa Libertadores y el primer objetivo en Liga de estar en la semifinal, en carrera por el título. Gran victoria para alegría del más grande y popular.