Argentina, Francia y el gol que una familia no pudo festejar

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STAFF/AFP/Getty Images
Hace 40 años, Leopoldo Luque celebraba ante los franceses su segundo gol mundialista sin saber que, horas antes, había perdido a su hermano.

Osvaldo Ardiles juega para Leopoldo Jacinto Luque, el número 14 la frena a metros del área, nadie sale a presionarlo, la deja picar y saca un derechazo inatajable para Baratelli que se transforma en el 2-1 de Argentina ante Francia, en la segunda fecha de la Copa del Mundo de 1978. El jugador de River corre con sus brazos en alto y el Monumental estalla en un grito. Sin embargo, en las tribunas faltaba una familia. La del propio goleador.

Oscar Fernando Luque, "Cacho" para la familia, había decidido viajar de Santa Fe a Buenos Aires para ver el partido y especialmente a su hermano, pero nunca llegaría. En Ruta Panamericana, un accidente en la camioneta que lo trasladaba junto a un vecino terminaría con su vida. La noticia le llegaría al Pulpo recién al otro día. Nadie quería que se pierda el encuentro.

En la misma jugada del gol, Luque sufría una luxación en el codo pero se negaba a salir, porque Menotti ya había hecho los dos cambios. No solo no quería dejar al equipo con un jugador menos, no quería preocupar a su familia que estaba en la cancha. O al menos creía eso. Jamás podía pensar que estaban realizando trámites por la muerte de su hermano. Sus padres fueron a la concentración la mañana siguiente para contarle de la tragedia y de inmediato se hizo cargo de todo, según narró hace algunos años en una entrevista a Clarín.

Su duelo casi le impide continuar en el Mundial. Se perdió el partido ante Italia, en el que se realizó un minuto de silencio y sus compañeros llevaron una bandera que decía "Leopoldo, te esperamos", y también faltó ante Polonia. Después de ver ese encuentro por televisión, su padre le pidió que se reincorporara. Lo llevaron a Rosario y el plantel lo recibió con los brazos abiertos. El técnico le propuso un trato "especial" para mantenerse en contacto con sus seres queridos, pero sintió que era contraproducente para su ánimo.

Volvió ante Brasil y el resto es historia conocida: dos goles en el histórico 6-0 contra Perú y luego, con sangre en su camiseta por un golpe en la nariz, gritó campeón abrazado a Omar Larrosa. Fue el primero en dejar la cena de celebración del primer Mundial ganado por Argentina. Le faltaba algo mucho más importante que ese título. 

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