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Sevilla

Amor palangana

11:31 CEST 14/7/20
Ruben Uria Blog

Otra vez, el Sevilla FC es de Champions. Si fuera un hecho aislado, tendía su mérito. Cuando se repite en el tiempo, es tendencia. Y cuando se consigue la decimosexta presencia en Europa en los últimos diecisiete años, se puede decir que se está rozando la excelencia. No es que el Sevilla FC sea un club modélico en lo económico y ejemplar en lo deportivo, que lo es. No es que el Sevilla FC respete sus tradiciones, mitos, ritos y símbolos, que lo hace. No es que el Sevilla FC haya formado un tejido humano donde cada empleado, desde el primero hasta el último, está enamorado de la camiseta que defiende, es que salta a la vista. No es que el Sevilla FC necesite colaboracionistas, porque convive con la crítica y madura con la exigencia. Amor palangana.

No es que el Sevilla FC, gane lo que gane, siga siendo invidible para la prensa de Madrid, ni que reclame más visibilidad mediática, pero le haría justicia a su gente. No es que el Sevilla FC haya encontrado un relato, una causa y un sentimiento único, que lo tiene, sino que ha hecho música su alma, porque como canta El Arrebato, muchos son y serán sevillistas hasta la muerte, teniendo motivos para que La Giralda presuma orgullosa de ver al Sevilla en el Sánchez Pizjuán. No es que uno empatice con el Sevilla FC porque admire al 'Salmón Palangana', ni porque de gloria bendita hablar con Pablo Blanco, ni porque el Maestro Araújo sea el tesoro mejor guardado del fútbol mundial, ni siquiera porque mi hermano Quique Ballesteros inocule sevillismo en Madrid, que también. Y no es que el Sevilla FC tenga la exigencia por motor, que la tiene, es que el latir del corazón de ese escudo, su auténtico poder, es su gente. Amor palangana.

Negro sobre blanco, esa es la fuerza del Sevilla. Su gente. Que jamás cambie eso. Luego está el tiempo, el juez insobornable que citaba ‘Supergarcía’, ese que da y quita razones. A comienzos de curso, hubo quien renegó del presidente, quien receló del criterio del director deportivo y quien pensó que se fracasaría con el entrenador. La gente podía dudar. Claro que sí. Así debe ser. La realidad es que había proyecto, que el presidente Castro se la jugó y que volvió a acertar. La realidad es que Monchi sigue siendo el Messi de esto por más que le busquen las vueltas y le quieran dar lecciones de fichajeo desde el confort del sofá o desde las redes sociales. Y la realidad es que Julen Lopetegui, con sus virtudes y defectos, con lo que quieran reprocharle, es un señor. Y además, es un pedazo de entrenador como la copa de un pino y tres abetos. Había proyecto y había equipo. Ahora le gente debe creer. Claro que sí. Así debe ser. Hoy se festeja. Y mañana, otra vez se exige. Esa es la gasolina de esa afición y el motor su gran poder: su gente. Amor palangana.

Rubén Uría