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A un año de Madrid: ¿Cómo fueron los meses post final para Boca y River?

14:49 CET 8/12/19
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Ya pasó una temporada desde el histórico '9D' en el cual el Millonario ganó la Libertadores y en el que ambos debieron reinventarse de distinta forma.

El 9 de diciembre del 2018 cambió la historia para los dos equipos más importantes del fútbol argentino, con la recordada final de la Copa Libertadores mudada a Madrid y que quedó en manos de River tras derrotar a Boca por 3-1 en tiempo suplementario. Hasta ahí, la síntesis más breve del día que nadie podrá olvidar, ya sea vencedor o vencido, porque obligó a ambos a comenzar a escribir una nueva historia desde la necesidad de revancha o para ir en busca de nuevos retos.

Para los de Gallardo, el año no terminó ese día y debió viajar a Dubai para afrontar el Mundial de Clubes, aunque la cabeza seguía en el Santiago Bernabéu y, por primera vez, un equipo argentino no pudo superar la final, tras caer por penales ante Al-Ain. Hubo un partido por el tercer puesto, poco recordado como casi todos, en el que venció 4-0 a Kashima Antlers para poder ponerle fin a su actividad y regresar a Argentina después de dos semanas extenuantes y festejar junto a sus hinchas en un Monumental donde no cabía un alfiler y en el que se despidió oficialmente el Pity Martínez, la gran figura del equipo.

Por el lado Xeneize, las consecuencias de la final quedaron en evidencia cuando se anunció la salida de Guillermo Barros Schelotto luego de dos años y medio y un importante desgaste más allá de ganar dos veces la Superliga: la derrota pedía a gritos un cambio de timón y así lo entendió Daniel Angelici, quien unos días después anunció la llegada, primero, de Nicolás Burdisso como manager, y luego de Gustavo Alfaro al mando del equipo. Con el nuevo DT llegaron Lisandro López e Iván Marcone como refuerzos de jerarquía, acompañado por apuestas como Jorman Campuzano y Junior Alonso y otros que llegaron como alternativa y no sumaron demasiados minutos, como Marcos Díaz y Kevin Mac Allister.

En Núñez prácticamente no hubo descanso y la pretemporada fue más acotada de lo que necesitaba Marcelo Gallardo, ya que debió recuperar cuatro partidos del semestre anterior. En materia de refuerzos, el más importante fue Matías Suárez, acompañado por Robert Rojas y Jorge Carrascal. Pero aquel inicio del 2019 no fue el ideal y no solo perdió tres de cuatro partidos, sino que sufrió la gravísima lesión de Juanfer Quintero cuando era el dueño del equipo, sumado a la de Milton Casco, Exequiel Palacios y otras lesiones menores que afectaron a buena parte del once inicial.

Los resultados favorables le permitieron a Boca acomodarse sobre la marcha, aunque se mantenía en el debe el volumen del juego exhibido, una constante a lo largo del semestre y que quedó expuesta en la derrota más dura en este lapso, el 0-3 contra Athletico Paranaense. Sin embargo, el punto alto llegó de la mano de un título tan menor como necesario: la Supercopa Argentina, en la que fue ampliamente superior a Rosario Central pero necesitó de los penales para volver a festejar. A nivel jugadores, el entrenador encontró solidez en el gran nivel de Andrada y Lichi López y elevó el nivel de Mauro Zárate, aunque no sin polémica por su disputa por la titularidad con Carlos Tevez, que se llevó buena parte del tiempo de competencia.

La Superliga finalizó con el Xeneize en el tercer puesto y el Millonario en el cuarto, lo cual incluye como detalle no menor que los de Alfaro jugarán directamente la fase de grupos de la Copa Libertadores 2020 y los de Gallardo deberán sortear el repechaje previo. Llegaba la Copa Superliga y dos realidades contrapuestas: River se despidió en cuartos de final luego de jugar su peor partido del año en Tucumán, donde perdió 3 a 0, pero quedar en la puerta de la heroica al ganar 4-1 la revancha, en una noche donde debió golear por la diferencia necesaria. Los de azul y oro llegaron a los tumbos, tras una noche caliente y difícil de olvidar para Mauro Zárate y Vélez en cuartos de final y con un ajustado 1-0 contra Argentinos Juniors. Pero en la final, donde volvió a ser un equipo ampliamente dominador, falló dos veces y perdió 2-0 contra Tigre, dejando pasar la chance de sumar un nuevo título local.

Y así como ocurriera el 9 de diciembre, la alegría en el final de este medio año fue toda de River, con la obtención de la Recopa: ante Athletico Paranaense perdió 1-0 la ida, pero en otra noche mágica en el Monumental lo dio vuelta y ganó 3-0, con una nueva participación decisiva de Lucas Pratto, que consolidó su idolatría a fuerza de goles y sacrificio.

En el mercado de pases de mitad de año Boca se llevó todos los flashes por la incorporación de Daniele De Rossi, el exitoso italiano que decidió dejar el confort de jugar en su país para llegar a La Bombonera a cumplir su sueño. Respecto a la competencia, se reanudó nada menos que con los octavos de final de la Copa Libertadores. Boca superó sin inconvenientes a Athletico Paranaense mientras que los de Gallardo sufrieron la serie frente a Cruzeiro. Mientras tanto, ambos comenzaron la Superliga con un empate y la mira puesta en el torneo continental.

Los cuartos de final de la Libertadores del Xeneize fueron ante Liga de Quito, con un 3-0 en la ida que le permitió ir tranquilo a la altura. River, por su parte, venció 2-0 a Cerro Porteño y luego empató en Asunción. En el torneo local, comenzaron a llegar los triunfos para ambos y, aunque con un juego más vistoso y con varios elogios para los de Núñez, ambos llegaron a la semifinal de la Copa con un andar victorioso y parejo. Y así se dio, nuevamente, una serie de Superclásicos coperos. La revancha, decían algunos, el momento de desquite para Boca. En River, en cambio, resaltaban que no podría tener el mismo valor que lo que había sucedido en Madrid.

A pesar de todas las declaraciones cruzadas, era cierto que la clasificación de Boca podría haber acomodado diferente al Xeneize de Alfaro, que llegó fuerte a la serie tras un empate en Núñez por la Superliga en el que el conjunto de La Ribera neutralizó por completo a los de Núñez. Pero en la ida, en el Monumental, River fue aplastante: Fue un 2-0 categórico que, aunque dejó las cosas abiertas de cara a la vuelta, fue un cachetazo para Boca. En La Bombonera la imagen del conjunto de Alfaro fue distinto. Incluso estuvieron cerca de los penales, pero el 1-0 a favor del local hizo que River estuviera otra vez en la final.

Tapas de diarios, cargadas, memes, chicanas. Un nuevo Superclásico copero dejaba un tendal de reacciones. Claro, el que salió beneficiado fue River, que disputaría la final con Flamengo. Boca, mientras tanto, comenzó a entrar en un círculo vicioso de lesiones y en la locura de la campaña electoral que, inevitablemente, captó todas las miradas por la decisión de Juan Román Riquelme de participar.

El Millonario, mientras tanto, viajó a Lima a jugar la primera final única de la Copa Libertadores. Allí, en Perú, no logró ser el River de Gallardo y, en los últimos minutos del partido y por un Gabigol en llamas, perdió la posibilidad de ser bicampeón de América. Fue un 2-1 que no le permitió al Muñeco seguir agrandando su historia y la de su querido club, pero que de ninguna manera desesabilizó el proyecto.

Mientras tanto, en Boca siguieron en primer plano las elecciones que enfrentaron ídolos como Román y Maradona y que -para bien o para mal- sacaron el foco del fútbol, que aunque lo tiene al Xeneize primero tras la primera parte del campeonato local, no fue lo mejor del año en La Ribera.

Pasó un año calendario, 12 meses completos y, aunque ya corrió agua debajo del puente, todo parece estar como al principio y Boca nuevamente aparece preso de sus urgencias, en busca de revolucionar el mercado de pases para sacarse la espina de Madrid con refuerzos de jerarquía internacional. Y en River, aunque el sueño no se cumplió,, todo marcha en orden de la mano del entrenador que forjó y aún escribe páginas del libro del mejor ciclo de la era moderna del club.